La Coctelera

Categoría: Algo de todo lo demás

Cómo usar el Facebook (en cómodos pasos)

Posteado por: The Devil Rules the World el 30 nov En: Algo de todo lo demás - 7 comentarios

Bienvenido a la comunidad virtual más grande del ciberespacio. Un sitio donde no sólo podrás encontrar a aquellas amistades que creías perdidas para siempre, sino que también podrás crear millones de amigos con los que no tienes nada en común y que agregarás únicamente para quedar bien, y para aumentar tu número de contactos. Un sitio donde encontrarás mil y una pijadas y chorreces sin utilidad práctica alguna pero que te harán invertir cientos de horas que podrías haber aprovechado en algo mucho más útil... Pero, ¿cómo?... ¿qué no sabes iniciarte en el Facebook?... ¡Es fácil!

- Paso 1: Un amigo te habla de Facebook y te manda una invitación al mail.

Naturalmente la aceptas, un poco a regañadientes porque, total, tu blog no lo lee ni cristo y jamás has conseguido comerte una rosca en los chats. Te registras. Ya eres uno de nosotros.

- Paso 2: Escoges esa foto tan chula para ponerla en el perfil.

Esto es, a fin de cuentas, un mercado de carne. Puede que seas tímido, pero tu foto te está vendiendo, así que nada de poner un avatar graciosete como en el messenger. No. Aquí escogemos aquella foto en la que sales tan impresionante, con ese toque de profundidad en la mirada y esa pose casual que está gritando "fotogenia!!".

- Paso 3: Agregas a todos tus amigos a los que ves cada fin de semana, a los familiares (si es que manejan internet) y a tu novia.

Es lo menos que puedes hacer... necesitas tener un número razonablemente alto de contactos para que la gente piense que eres alguien popular.

- Paso 4: Te quejas de lo mal que sales en las fotos que han colgado tus amigos.

Claro, tu no tenías cuenta y ves que tus amigos ya han colgado fotos en las que sales tú, y siempre son horrorosas, no sales bien en ninguna. "Vaya foto más cutre que me has puesto, salgo fatal". Todos tus esfuerzos con la foto de tu perfil, a la basura.

- Paso 5: "No entiendo nada".

La primera invitación para ser mordido por un zombie es recibida con cierta incredulidad. Alguien te sugiere como fan de "Sexo en Nueva York", otros te envían un superhéroe, otros te meten en una pelea de bandas y finalmente tu amiga la hippy te manda una invitación de buen karma. What the...

- Paso 6: Amenazas con borrarte la cuenta.

Estás invadido de solicitudes de chorreces sin fin, te obcecas porque hay demasiados botones y no lo entiendes todo a la primera, quieres pedir ayuda, pero todo dios usa facebook y tú vas a parecer subnormal, así que dices "a mi eso del facebook me parece una mierda" y amenazas con desaparecer.

- Paso 7: Descubres "hacerse fan de...".

Oh sí, en el momento en el que un colega se hace fan de Don Pimpón, descubres un mundo nuevo de color y estupidez, y empiezas a hacerte fan de TODO.

- Paso 8: Te pones frases super cool en tu "estado".

Así todos podrán enterarse de que te pica un pie, de que te has quedado sin entradas para el concierto de The Killers, de que has visto antes que nadie la nueva película de Wong Kar-Wai (y que te parece sobrevalorada), o que acabas de echar un polvo (por fin).

- Paso 9: Buscas a tu antiguo amor de instituto/universidad/aquel viejo trabajo.

Y lo encuentras, claro. Te emocionas, le escribes un mensaje en su muro diciendo "¿te acuerdas de mí?" y ella te contesta con un "¡Claro que sí!" que en realidad significa "hacía años que no te dedicaba ni un solo pensamiento". Te emocionas más.

- Paso 10: Tus amigos y tu novia descubren que le has escrito a tu antiguo amor de instituto/universidad/aquel viejo trabajo y se meten contigo.

Es el momento en el que descubres que no tienes mucha privacidad en facebook y que, quizá, deberías usar los mensajes privados si no quieres ser el hazmerreir. Tu novia no se pone muy dura contigo porque ella ya ha hecho lo mismo con sus antiguos amores de instituto/universidad/aquel viejo trabajo.

- Paso 11: Sigues encontrando viejos amigos del colegio o la universidad y organizáis una quedada.

Te encuentras recordando viejos tiempos con gente a la que no veías desde hace diez o quince años. Siempre hay alguien que dice que has perdido pelo o has ganado peso, o ambas cosas. Te emborrachas, te lo pasas de puta madre, intercambias el teléfono móvil con todo el mundo y hacéis promesas de no volver a perder el contacto.

- Paso 12: Te quejas de lo mal que sales en las fotos que han colgado tus amigos...

Etc...

Y de esta forma ya has ingresado en facebook, el portal del infierno, el sitio donde todo el mundo encuentra a todo el mundo y, al mismo tiempo, puedes hacerte fan del conductor de autobús de "Los Simpsons", ingresar en el grupo "digo que me gustan pelis que no he visto para ser más guay" o mandarle un trozo de tarta de queso a cualquiera de tus amigos golosos. Una forma infinita de pasar horas delante del ordenador sin hacer nada productivo y, al mismo tiempo, mejorando tu vida social. Y lo peor es que funciona.

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Petra

Posteado por: The Devil Rules the World el 25 nov En: Algo de todo lo demás - 10 comentarios

Allá por la primavera del 2006, un cisne hembra de color negro llamada Petra, habitante del lago Aasee de Münster, Alemania, nadaba despreocupada cuando divisó a un imponente congénere del que cayó perdidamente enamorada. Petra se dedicó a partir de entonces a cortejarle, nadando a su alrededor, acariciándole con su pico y no alejándose jamás de su lado. El flechazo había sido instantáneo. El problema era que el objeto de su afecto era un bote de madera con forma de cisne, y no un cisne real.

Cuando el invierno llegó, todos sus compañeros de lago emigraron a tierras más cálidas, pero Petra permaneció fiel a su amado, aguantando las inclemencias del tiempo. Preocupados por su salud al ver que Petra no abandonaba a su amor imposible, las autoridades trataron de separarlos buscándole nuevos cisnes a los que acompañar o incluso retirando el bote del lago, pero su fidelidad era inquebrantable y Petra no se separaba de él. Finalmente se optó por llevar a ambos, cisne y bote, al zoo de Münster, dónde podrían cuidarla hasta el regreso del calor. Al parecer contaban con que la compañía de otros cisnes en un entorno controlado consiguiera distraer a Petra de su amor imposible, pero no fue así. Ella continuaba durmiendo con su cisne favorito. Cuando los veterinarios decidieron que había que operar a Petra de una pata, ésta graznó y pataleó hasta que llevaron el bote de plástico a la caseta de los pelícanos donde pasaba su convalecencia... Desde que la historia se hizo pública, el zoo de Münster ha incrementado su número de visitantes de forma cuantiosa, y Petra y su "cisne blanco" se han convertido en protagonistas de tazas, esculturas, souvenirs variados y, finalmente, de cuentos para niños.

Podéis reiros lo que queráis, pero se me ocurren cosas peores que enamorarte de un bote de plástico. Como, por ejemplo, no enamorarte nunca.

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El Invencible Hombre Pegajoso y la Fantástica Mujer Pulga- parte III

Posteado por: The Devil Rules the World el 13 nov En: Algo de todo lo demás - 14 comentarios

Los gamusinos no lograron llegar a entender que la Mujer Pulga podía tener un as en la manga cuando se plantó ante ellos con modos tan poco pacíficos. Es dificil pensar que unos seres con tan poca capacidad de reflejos pudieran apoderarse silenciosamente del planeta. No obstante, silencio es lo único que no obtuvieron en aquel preciso momento. El sonoro estruendo que causaron las explosiones sirvió al propósito de la Mujer Pulga... nadie se había percatado de los cuatro explosivos plásticos que había alojado a lo largo de la superficie de la nave insignia con cuatro rápidos saltos de una agilidad y precisión tales que escaparon a todos los detectores de los gamusinos. Con el estruendo y la sorpresa causados, la Mujer Pulga penetró rápidamente en el interior de la destrozada nave con un único propósito: apoderarse de las claves de entrada de la nave-prisión que encerraba a los héroes.

Mientras corría y saltaba a lo largo de los restos de la nave accidentada, dejando fuera de combate a cuanto gamusino se le pusiera por delante, la Mujer Pulga no podía dejar de pensar en la terrible responsabilidad que tenía sobre ella, y en cómo le gustaría que alguien como su padre pudiera acompañarla. Su padre, o bien cierto doctor en química orgánica con afición a vestirse de superhéroe. Al llegar al puesto de mando de la nave, todas estas ideas tuvieron que desaparecer de su cabeza. Se sentó a los mandos mientras a su alrededor el caos y la destrucción se adueñaban de la nave y empezó a teclear mientras asimilaba instintivamente los complicados códigos de comunicación de los extraterrestres. Cuando creyó encontrar los códigos necesarios se levantó, con la idea de abrir un agujero por encima de ella y salir al exterior mientras la nave acababa de descomponerse, pero algo la hizo detenerse... ante ella tenía los códigos de acceso para el humidificador supremo, el arma definitiva anti-gamusinos que éstos guardaban en su nave nodriza. Seguramente fueron esos segundos que empleó en memorizar aquel código lo que provocó que se viera rodeada de invasores apuntándola con rayos atomizadores.

"Estás rodeada", le dijo el comandante gamusino. "Si me hubieran dado un céntimo cada vez que he oído esa frase...".

Y entonces ocurrió. Uno tras otro, los soldados invasores cayeron golpeados por alguna fuerza invisible. El comandante, asustado, miraba en todas direcciones buscando el origen de semejante ataque. Cuando creyó entrever algo, ya fue demasiado tarde. Un tabique de la nave, de varias toneladas de peso, le golpeaba con una fuerza inhumana. El Nuevo Hombre Pegajoso apareció de pie, jadeando pero sonriente, en mitad de la estancia. La Mujer Pulga sonrió al verlo. Los dos se miraron, a punto de explotar de felicidad. "Pensé que te vendría bien un poco de ayuda", le dijo él con ironía. "¿Por qué has tardado tanto?", respondió ella.

Cuentan algunos que el abrazo en el que se fundieron los antiguos amantes en aquel preciso momento provocó un pequeño movimiento sísmico cuyo epicentro se habría encontrado justo bajo sus pies. Eso dicen.

Julio empezó a contarle emocionado a Amparo cómo había descubierto la forma de aumentar sus poderes por medio de un peligroso experimento. Ella le habló de su padre, de cómo había heredado sus poderes de él, y de cómo representaba los valores e ideales a los que ella siempre había aspirado. Él la escuchó. Ella le escuchó. Los dos siguieron hablando emocionados. Él la hizo reír. Ella le besó en la mejilla. Los dos hablaron de sus poderes, de cómo rescatar al resto de superhéroes, de cómo conseguir una nave para salir al espacio exterior, de formas nuevas de pasar el rato. Juntos. De lo que les quedaba por delante. Del humidificador supremo. De reconquistar el planeta en nombre de la libertad y la justicia. "Pues a ello".

Conseguir una nave espacial no fue tan complicado. Pegajoso era un buen amigo de PowerDan y habían compartido aventuras a menudo. PowerDan, que no encontraba mucha gente capaz de entender su complicado humor basado en física cuántica y ecuaciones de quinto grado, le había dado a Pegajoso la contraseña de su guarida donde guardaba, entre otras muchas cosas, un pequeño vehículo con capacidad para volar fuera de la atmósfera terrestre. Pegajoso le había correspondido prestándole parte de su colección de dvds ya que aún no había considerado la posibilidad de hacerse con un vehículo propio. Amparo se ofreció entonces a regalarle una Pega-moto con ruedas adherentes para trepar por los edificios, pero Julio no pareció demasiado cómodo con la idea.

Una vez en el espacio exterior, sólo tuvieron que maniobrar entre varios cientos de naves enemigas, disparando torpedos de protones y rayos iónicos que inutilizaban los vehículos gamusinos, hasta conseguir descubrir la nave-prisión. Acordaron que sería la Mujer Pulga la que liberaría a los prisioneros mientras Pegajoso se dirigiría hacia la nave nodriza para armar el humidificador supremo y obligar a los gamusinos a abandonar de una vez y para siempre el planeta. El plan parecía infalible puesto que los nuevos poderes de Pegajoso le hacían prácticamente invulnerable. Pegajoso, sin embargo, le había ocultado un pequeño secreto a la Mujer Pulga. Sus poderes, por inabarcables que parecieran... eran limitados. Julio había empezado a notar, prácticamente desde que escapó de debajo de los escombros de su antiguo laboratorio que, a medida que iba usando su superfuerza, su super-adherencia y su supervelocidad... sus poderes iban disminuyendo. No sabía cuánto le quedaba, sólo deseaba que fuera suficiente para repeler la invasión gamusina. Y quizá le quedara ánimo suficiente como para mirar a los ojos a Amparo y despedirse. Todo o nada. Pero ¿quién quiere vivir en la nada?

La Mujer Pulga llevó a cabo su misión de forma sorprendente. Los gamusinos no estaban preparados para contener su agilidad sobrehumana. Sólo necesitó su traje de resistencia a la atmósfera cero (con un diseño influenciado, muy poco disimuladamente, por Gaultier), su pericia informática y su innato sentido de la orientación (rasgo que sospechaba haber heredado de su madre, y no de la pulga totémica en cuestión). Cuando el Capitán Beltenebros vio cortadas sus cadenas inhibidoras de poderes arrancó la puerta de la prisión de un solo puñetazo y salió al pasillo de la nave con cara de muy pocos amigos. La Mujer Pulga, sin apenas una mota de polvo en su traje de espándex le miraba sonriente. "Vamos a cazar gamusinos..."

Y el infierno se desató sobre la nave-prisión, que en poco menos de una hora fue tomada a la fuerza por el grueso de los Vigilantes, mientras Superemo, guardado bajo siete llaves en la mazmorra más profunda, y escoltado por las siete gemas brillantes de Quark (único material en el universo al que es vulnerable), era finalmente liberado. La Mujer Pulga volvió a abrazar a su padre y luego les contó a todos la misión que Pegajoso estaba llevando a cabo en la nave nodriza. Todos se miraron entre ellos. "¿Pegajoso? ¿solo? ¿en la nave nodriza? ¿humidificador supremo?". Casi todos le conocían, y por eso todos eran conscientes de que la tarea le quedaba demasiado grande. "Eh, dadle un voto de confianza, es mi chico, ¿vale?". Hay quien asegura que una lágrima asomó por los brillantes ojos del temible Capitán Beltenebros cuando esa frase fue pronunciada. El Hombre Pulga, en cambio, no pudo reprimir una media sonrisa de satisfacción al oír a su hija.

Sin embargo, Pegajoso, que había conseguido estrellar su nave contra el ala oeste de la nave nodriza gamusina, llevaba bastante tiempo acurrucado en una esquina sin poder dar comienzo a su plan de conquista. Los poderes le estaban fallando. Lo había notado cuando, al poco de dejar a la Mujer Pulga cerca de la nave-prisión, le había costado abrir un bote de salsa de tomate envasada al vacío. Pegajoso sospechaba que aún quedaban residuos de sus superpoderes, pero ignoraba la manera en la que podía activarlos. Pensaba complicadas operaciones matemáticas que resolvieran sus dudas, pero nada parecía dar con el resultado. "Esto no va bien..." pensaba una y otra vez, temiendo que el resto de superhéroes estuvieran ya esperando el resultado de sus acciones, o peor, que al no ver dichos resultados se plantaran ellos mismos allí y empezaran a tomar la nave descubriéndole agazapado en una esquina escribiendo números con una tiza en la pared. Era un mal día para ser el Hombre Pegajoso. A punto de desesperar del todo, Pegajoso lanzó su tiza contra el suelo, creando un agujero que traspasó todas las capas de blindaje. Pegajoso miró alucinado el agujero que acababa de formar en el casco de la nave, mientras la tiza se perdía en el vacío del espacio. Rápidamente empezaron a sonar alarmas y la zona en la que se encontraba empezó a sellarse automáticamente. Pegajoso, por fin, se levantó dispuesto para la acción.

En la nave-prisión, el Avispón Púrpura, un poco harto de su fama de héroe empollón, estaba monitorizando todo lo que ocurría a bordo de la nave nodriza, mientras el resto de superhéroes observaban desde su espalda. "¡Se ha abierto un agujero en el casco de la nave!". Los gritos de júbilo y satisfacción fueron sonoros, pero de entre todos ellos, el mas ruidoso fue la silenciosa sonrisa de la Mujer Pulga.

Pegajoso empezó a machacar gamusinos y no paró. Su fuerza y agilidad eran demasiado, incluso para los estandares normales de un superhéroe humano. Le costó muy poco llegar ante el humidificador supremo. El arma total, capaz de convertir cualquier planeta en una charca infecta. Cuando Pegajoso por fin consiguió cogerlo con sus manos, los gamusinos ya habían desplegado varios pelotones a su alrededor y le apuntaban. "Un movimiento en falso y desaparecemos todos". Los gamusinos se miraban nerviosos, sin saber qué hacer, esperando alguna orden... Pegajoso los miraba... era un duelo de voluntades. Finalmente varios gamusinos tiraron sus armas y empezaron a correr. Pegajoso notaba que el triunfo ya era suyo, los gamusinos fueron abandonando sus armas y alejándose corriendo hasta dejarle completamente solo.

Pegajoso había triunfado. Y la nave nodriza empezó a caer en picado hacia la atmósfera terrestre, haciéndole perder el equilibrio.

Lo que el Avispón Púrpura estaba tratando de explicarles a los Vigilantes y a los demás héroes, era que los gamusinos, por cobardes y rastreros que parecieran, eran criaturas de muy mal perder. Al parecer estaban saboteando su propia nave con el fin de estrellarla contra la Tierra y hacer desaparecer el humidificador. "Sí, lo sé, no parece un plan muy brillante, pero yo sólo he dicho que tienen mal perder, no que sean buenos estrategas", se defendió el Avispón ante las miradas de perplejidad que iba recibiendo. La Mujer Pulga sin embargo, se negó a quedarse de brazos cruzados y cogió una pequeña lanzadera para rescatar al hombre que amaba.

Pegajoso creía que sobreviviría al impacto. Mientras veía a los gamusinos huir en pequeñas cápsulas de escape, fue pensando que, en el peor de los casos, no iba a ser una mala manera de morir. Salvando al planeta y con el humidificador en sus manos. Si tenía suerte alguién podría coger algo de su adn y reconstruirle en el cuerpo de un clon. Le asustaba un poco la posibilidad de que todos sus recuerdos se perdieran por el camino, y que olvidara la alucinante sensación de estar con Amparo, lo que sentía cuando la miraba a los ojos, o esa pequeña sacudida que le daba en el corazón cuando la veía llegar de lejos. Pensaba que, ciertamente, era mejor morir que vivir sin esos recuerdos. Pero Amparo ya iba hacia él... sin saber muy bien qué plan seguir, pero confiando en su capacidad para la improvisación. Aunque una vez que la nave se adentró en la atmósfera, toda la confianza en sí misma que siempre había guardado comenzó a menguar.

La nave caía en picado. Mirando por alguna de las ventanillas, Pegajoso estaba seguro de que iba a caer contra el océano. Al menos no habría víctimas, ni daños materiales. Mientras sus poderes aguantasen... digamos, diez minutos más, no habría problema. Sostenía el humidificador en las manos pensando que los gamusinos habían huído, con lo que ya no necesitaba armarlo, y de todas formas hacerlo en el interior del planeta podría causar su destrucción, de modo que no estaba seguro de lo que podría hacer con él una vez se estrellase. Contra todo pronóstico, Pegajoso tardó mucho menos de diez minutos en averiguarlo.

La Mujer Pulga aterrizó sobre el agua. La nave nodriza había provocado un pequeño tsunami al impactar contra el mar, pero ya parecía haber pasado lo peor. Amparo se lanzó al agua, pensando únicamente en sacar con vida a Julio.

Éste había sobrevivido al aterrizaje. Su superfuerza le había salvado, sin duda, de morir con el cuello roto al impactar el vehículo contra el agua. Sin embargo no había podido evitar soltar el humidificador con el golpe. "Bueno", pensó, "¿que mejor sitio para un humidificador que el fondo del mar?". Y entonces empezó a nadar hacia la superficie, dando gracias a su superfuerza por evitar que la succión de la nave al hundirse le arrastrara hacia el fondo del mar. Julio nadaba y nadaba, pero la superficie no acababa de llegar. Nadaba y nadaba, y entonces comprendió que, esta vez sí, había perdido sus poderes para siempre, y que estaba siendo arrastrado hacia el fondo... por eso la superficie no parecía llegar nunca. Sin poderes, su capacidad pulmonar se había reducido drásticamente y empezaba a perder la consciencia, por eso, cuando levantó la vista una última vez hacia donde debía quedar la superficie, creyó ver un ángel nadando hacia él.

Amparo no era la mejor nadadora del universo. Las pulgas no son famosas por su buena relación con el agua, sin embargo podía ver la nave hundiéndose como un gigantesco ídolo caído y esa era la dirección que sabía que tenía que tomar. Julio acabaría saliendo. Era superfuerte, ahora mucho más que ella. Saldría.

Cuando sus ojos coincidieron, Julio tomó conciencia de que no era un ángel quien venía a rescatarle, y Amparo comprendió que, de alguna forma, él ya no conservaba sus poderes. Ella empezó a nadar todavía con más y más fuerza, esperando el momento de poder alcanzar su mano y agarrarle. Julio también empezó a patalear con todo lo que quedaba de su voluntad, y estiró la mano, buscando la de su preciosa Mujer Pulga, deseando más que nunca tener su poder de adherencia intacto... para poder agarrar a Amparo y no soltarla nunca. Nunca, nunca, nunca... Estaban apenas a unos metros, podían verse los ojos perfectamente y Julio quiso aprovechar ese fugaz momento para despedirse de ella, para decirle, con solo su mirada, que conocerla había dado sentido a su vida y que volvería a repetirlo mil millones de veces si fuera posible. Y ella supo lo que le decía, y quiso contestarle que para ella no había habido nada más importante que sentirse querida por él, y que iría a buscarle al mismo infierno si eso fuera posible... pero no le dio tiempo a decirselo, porque lo único que salió de sus ojos fue el miedo más atroz. El miedo a perder lo más valioso que jamás había tenido. Justo ella, que siempre lo había tenido todo.

El Nuevo Hombre Pegajoso se perdió en la inmensidad del océano, arrastrado por una nave muerta. La Fantástica Mujer Pulga se quedó flotando a medio camino del abismo infinito, sin ánimo de recuperar el aliento... hasta que unas manos la agarraron por la cintura arrastrándola a la superficie. El Hombre Pulga al rescate.

Durante los siguientes días se sucedieron homenajes sin fin, se escribieron poemas épicos y se erigieron monumentos en honor al Hombre Pegajoso. Amparo se encerró en su mansión bajo la preocupada mirada de su padre. Los festejos en todo el planeta por la reconquista fueron estruendosos. Una nueva época de armonía entre las naciones comenzó a nacer. Amparo dejó pronto de derramar lágrimas. Se quedó sin ellas. Al poco desapareció de las listas de superhéroes populares, y de internet, y dejó de ir a fiestas llenas de pretendientes. Fue una época mala para ser la Mujer Pulga, pero saber que había comprendido todo lo que sentía por Julio antes de perderle, le ayudó a salir del bache. Ya no era una persona de auto exigencia infinita. Había aprendido a verse a través de los ojos de la gente que la quería, a ver sus virtudes y no sólo sus defectos. Y pensó que eso debía ser suficiente para ella. Luego pensó en la vida que le habían arrebatado y lloró un poco más. Pero sólo un poco.

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El Invencible Hombre Pegajoso y la Fantástica Mujer Pulga- parte II

Posteado por: The Devil Rules the World el 12 nov En: Algo de todo lo demás - 11 comentarios

Para la Mujer Pulga no había sido una buena temporada. Sí, llevaba meses a la cabeza del ranking de cruzados enmascarados... nadie había encerrado más maleantes que ella, y para colmo su popularidad iba en aumento sin ánimo de decrecer. Sus fotos en Vogue ("moda superheroica") o Vanity Fair hacían enloquecer a los hombres y suspirar de envidia a las mujeres. Su nombre era de los más buscados en Google. Era la más admirada e incluso desde algunos medios se estaban lanzando rumores sobre un posible noviazgo con el Capitán Beltenebros. Bajo la personalidad de Amparo Tapias, frecuentaba las fiestas más exclusivas, asistía a clases en la universidad y supervisaba personalmente un par de las organizaciones caritativas que el dinero de su padre podía sostener. Y, pese a todo, pese a que era admirada y deseada por igual en las dos identidades bajo las que vivía... su nivel de exigencia consigo misma era, de lejos, mucho peor que el que pudiera imponerle cualquiera de las personas que la rodeaban en su vida diaria.

Roque Tapias, su padre, creía que el origen de todo eso se debía a la repentina muerte de su madre cuando Amparo contaba con cinco años de edad. El sentido de la responsabilidad siempre había sido elevado en ella, pero a partir de ese momento nunca se dejó flaquear. No admitía ser la número dos. Por ese motivo a Roque siempre le extrañó que su hija se juntara con un aburrido doctor en química orgánica.

Julio, desde su pequeño laboratorio casero, trabajaba incesante en una fórmula capaz de acabar con su decadente estado de ánimo. Era algo tan genial y tan fascinante que no podía creer cómo no se le había ocurrido antes. Mientras trabajaba sin descanso, sólo podía pensar en Amparo, en la Fantástica Mujer Pulga y en todo lo que les quedaba por vivir juntos. Si es que su plan tenía éxito, claro.

Para Julio las opciones estaban claras. No podía ser mejor doctor en química orgánica de lo que ya era, pero podía intentar ser mucho más poderoso como el Hombre Pegajoso. Quizá, incluso, sus poderes aumentarían tanto que su nivel de poder sería equiparable al de Superemo, el hombre más poderoso de la Tierra (si bien con un nombre algo confuso). Todo era cuestión de fórmulas matemáticas y ecuaciones sin fin. Un accidente le transformó en lo que era... si pudiera reproducir las condiciones en las que ese accidente tuvo lugar, y aumentar las dosis de los compuestos, sus poderes deberían verse aumentados exponencialmente. Era arriesgado. Muy arriesgado, pero la recompensa merecía la pena el riesgo. La Mujer Pulga no podía estar con alguien cualquiera. Ni siquiera con un superhéroe cualquiera.

Pero la Mujer Pulga, que acababa de rechazar una oferta para unirse a los Vigilantes (rechazo que causó una tremenda sorpresa en el Capitán Beltenebros, quien tendía con demasiada frecuencia a creer lo que los titulares decían sobre él), tras desmantelar la enésima red de tráfico de armas en el distrito sur de la ciudad, y entregar a los criminales a la justicia ordinaria, trepó con un par de poderosos saltos a lo alto de la torre Errekáo, se sentó en el filo de la cornisa y se quitó su elegante máscara. Allí empezó a pensar en las interminables aventuras de los últimos meses, en los criminales que había metido entre rejas, en la popularidad que estaba ganando y que parecía no dejar de crecer, en las portadas de revistas, en las fiestas, en los incontables amigos y pretendientes que le salían por todos lados... y mientras pensaba en todo eso las lágrimas empezaron a caer por sus mejillas. Sin que supiera muy bien por qué. A lo mejor porque había llegado un punto en que ya no podía disfrazar más la tristeza, o porque no importaba lo mucho que hiciese por otras personas si al final ella volvía al hogar de la Mujer Pulga igual de vacía que se había marchado... Sentada al borde del abismo, con la puesta de sol de fondo, no llegó a oír al silencioso testigo de su desdicha.

"No puedes cargar todo el peso del mundo sobre tus hombros, ¿sabes?". La voz sonó profunda y autoritaria, y terriblemente familiar. La Mujer Pulga alzó la vista enjugándose las lágrimas y contempló una figura que llevaba varios años desaparecida: el Fantástico Hombre Pulga... "¡¿Papá?!". "¿Qué tendrán estos rascacielos que nos gusta tanto quedarnos mirando al vacío?". Amparo le miraba con una mezcla de curiosidad creciente al ver a su padre con su antiguo uniforme, y con un poco de fastidio infantil por verle inmiscuirse en su vida privada. "La vida es algo más que combatir el crimen y sacar buenas notas... supongo que ya lo sabes". "Pues claro que lo sé, ¿qué insinúas?". "Insinúo que la vida es algo más que combatir el crimen y sacar buenas notas...". Amparo volvió la vista hacia el infinito. "¿Te has puesto tu antiguo traje sólo para decirme eso?". "¿Te parece poco?". Su padre se sentó junto a ella, si bien mantuvo su máscara en su sitio. "A veces basta con mirarse desde fuera para ver lo que de verdad quieres o necesitas." "No sé lo que quiero... sé que me debo a los demás, que luchar por la justicia es lo que da sentido a mi vida, pero no consigo sentirme bien... nunca acabo de estar bien". "¿Nunca?" Amparo le miró, sin saber a qué venía ese tono retórico, pero comprendiendo. "Tenía que proteger mi identidad secreta. Tuve que dejarle o me hubiera comprometido". "¿Pero cuál de las dos es tu identidad secreta?... Las cosas, casi siempre, son mucho más fáciles de lo que creemos. Deja que tu corazón hable, y no te preocupes tanto de tu identidad. Mírame, vuelvo a ser el Fantástico Hombre Pulga." "¿Qué? ¿Por qué?" "Porque mi legado es una losa demasiado grande para alguien con un corazón tan grande como el tuyo, y aún no estás preparada... ni yo lo estoy para la jubilación. Hazle caso a tu padre." Amparo sintió unas ganas enormes de gritarle que sí que estaba preparada, que no había dejado de estarlo en estos tres años que llevaba llevando el manto de la Mujer Pulga y que... que... pero también tenía unas ganas enormes de abrazar a su viejo mentor y desahogarse en lágrimas de agradecimiento por permitirle aflojar un poco el nudo que su propio exceso de responsabilidad había formado alrededor de su cuello. De modo que lo hizo. Le abrazó como si su padre no fuera el primer gran superhéroe de la Edad de las Maravillas...

Mientras tanto, el segundo nacimiento del Invencible Hombre Pulga estaba a punto de tener lugar. Las operaciones habían dado resultado, las ecuaciones tenían todas las incógnitas despejadas, Julio Ortega estaba a punto de traspasar el umbral de lo humano para alcanzar lo (semi) divino. Sólo esperaba que la descarga de electricidad no acabara con él antes de que la superfuerza se apoderase de su organismo. Era un todo o nada. Pero ¿quién quiere vivir en la nada? Julio iba a tirar de la palanca cuando de la televisión empezó a salir un noticiario de última hora...

Al Fantástico Dúo Pulga, el golpe de estado militar al planeta Tierra dado por varios gamusinos infiltrados entre altos mandos del ejército y de los gobiernos de las grandes potencias mundiales les pilló en medio de un emotivo abrazo en lo alto de la torre mas elevada de la ciudad. Fueron afortunados. Los gamusinos, conscientes de que un ataque frontal no tenía posibilidades ante seres tan poderosos como Superemo y el Capitán Beltenebros, llevaban meses infiltrándose en nuestra sociedad... hasta tal punto que acabaron por apoderarse del planeta y secuestrar a los superhéroes sin que nadie pudiera darse cuenta de lo que estaba sucediendo.

Afortunadamente, el Hombre Pegajoso estaba a punto de volver del retiro... o eso pensaba Julio cuando accionó el interruptor-palanca que descargó un torrente de electricidad filtrada a través de compuestos químicos (volubles la mayoría de ellos) en su cuerpo. En medio de las cotas insondables de dolor y agonía que sintió Pegajoso durante los siguientes minutos, sólo una imagen le hizo mantener la cordura y aferrarse a su fuerza de voluntad para superar el proceso de convertirse en un semi-dios. Amparo, abrazada a él, susurrándole...

"Te quiero".

"Creo que esa es nuestra señal de entrada". Pero el Hombre Pulga no pudo dar ni dos pasos antes de que dos agentes gamusinos le rodearan y se echasen sobre él. La Mujer Pulga, cuyos increíbles reflejos aún estaban por descubrir su verdadero potencial, se escurrió entre las sombras y, dando saltos de centenares de metros, se perdió entre los callejones de la ciudad, rezando para que nada malo le ocurriera a su padre. Los gamusinos se hicieron con el planeta en pocos días. Ni uno solo de la población superpoderosa de la Tierra consiguió escapar de sus detectores de genes alterados. Los Vigilantes al completo (equipo suplente incluido) habían sido apresados con tan sólo unos minutos de lucha, y el resto de héroes les siguió poco después. En apenas cuatro días, el planeta sólo contaba con la ayuda de la Mujer Pulga... o eso se creía.

De entre las ruinas de un laboratorio casero de química orgánica de andar por casa, Julio Ortega parecía a un paso de la muerte. La terrible explosión, que en la confusión de la invasión silenciosa fue tomada por el efecto de un rayo atomizador gamusino, pasó inadvertida entre el vecindario, que de todas formas nunca reparó mucho en el silencioso habitante del piso siniestrado. El cadáver, sin embargo, no pudo ser recuperado.

Amparo apenas había tenido tiempo para trazar un plan. Pero la improvisación siempre se le dio bien. Hacía meses que no sabía nada de Pegajoso, ignoraba si también se encontraba en la nave gamusina o si simplemente había muerto en algún intento desesperado por mantener alejados a los invasores. Pegajoso, de todas formas, no parece del tipo de los que mueren fácilmente.

La Fantástica Mujer Pulga salió de las sombras caminando hacia una de las naves insignia de los gamusinos. El sol se recortaba contra su figura haciéndola brillar al contraluz, su caminar decidido y firme hacía parecer que era ella la que llevaba ventaja contra los millones de soldados invasores... hasta que finalmente llegó ante ellos.

"Os puedo asegurar... que no vengo en son de paz".

(concluirá...)

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El Invencible Hombre Pegajoso y la Fantástica Mujer Pulga

Posteado por: The Devil Rules the World el 10 nov En: Algo de todo lo demás - 11 comentarios

Su verdadero nombre no tenía importancia. Hacía mucho tiempo que había renunciado a él. Ahora era un simple servidor de la ciudadanía buscando el orden público, defendiendo la ley y protegiendo a los inocentes. Según su previsible origen (sacado de wikipedia, por supuesto), un accidente en un remoto laboratorio convirtió a Julio Ortega, un simple estudiante de química orgánica en el invencible Hombre Pegajoso. A él no le gustaba presumir de nombre, ni de poderes, pero cuando pensaba que tenía una página en wikipedia se le ensanchaba la sonrisa... Nucleótido, PowerDan y La Chica Estupenda no tenían página... bueno, alguien intentó hacer un Myspace de Estupenda, pero colgó fotomontajes de su cabeza con el cuerpo desnudo de Brigitte Nielsen y cerraron el sitio. Pegajoso sospechaba que había sido la propia Estupenda la que estaba tras ese patético intento de darse publicidad.

Sus poderes eran bastante simples. Podía adherirse a cualquier superficie en cualquier lugar, a lo que se añadía una fuerza diez veces mayor que la de una persona normal. La superfuerza, sin llegar a los extremos de Granito (el hombre-monstruo más fuerte del planeta... fruto de un mal uso de la energía atómica), le era francamente útil cuando tenía que adherirse a las alas de un avión en fuga con el último supervillano dentro. Tratad de moveros por el fuselaje de un avión en marcha, os aseguro que por mucho poder adherente que tengáis no será suficiente.

Para Pegajoso, sólo había una cosa comparable a combatir el crimen por las noches. Bueno, en realidad era algo incluso mucho mejor que combatir el crimen por las noches. Se trataba, naturalmente, de su novia Amparo, la chica más dulce, inteligente y coqueta de la ciudad, con la que llevaba saliendo unos meses y a la que, milagrosamente, aún no había tenido que dejar colgada en ninguna cita para largarse a zurrar al villano de turno. Salvo aquella vez que se enfrentó al Hombre Tentáculo en el planetario... o la vez del Doctor Abismo en la estación de tren. Sí, bueno, el caso es que, fuera como fuera, Amparo aún no había emitido queja alguna sobre sus extrañas desapariciones. Parecía entender que la vida de un doctor en química orgánica es de lo más impredecible...

Lo que Pegajoso desconocía por completo, era que Amparo también llevaba una doble vida. Sí, era la marchosa, estupenda, bellísima y super cultivada chica de colegio privado que Pegajoso pensaba que era, pero aparte, era la Fantástica Mujer Pulga... anteriormente conocida como la Fantástica Chica Pulga, nombre que rápidamente alteró cuando se graduó en el instituto (con las mejores notas, por supuesto). La Mujer Pulga... Amparo, obtuvo sus poderes heredados de su padre, el célebre filántropo ultra-mega millonario Roque Tapias, que en su juventud, siendo un temerario jovenzuelo malcriado por los millones de su familia, se dedicaba a viajar por el mundo en busca de emociones salvajes hasta que un inesperado día cayó presa de una tribu africana que veneraba a la pulga como animal (insecto) totémico. Los detalles de aquellos días nunca han estado claros para Amparo, si bien cuando, a la edad de quince años, descubrió la inmensa cueva llena de superartilugios que había bajo su mansión en las afueras de la ciudad, su padre no pudo ocultarle la verdad por más tiempo. "Pronto desarrollarás una fuerza sobrehumana, entre otros superpoderes". "¿Qué otros superpoderes?" "No hagas preguntas cuyas respuestas no quieres conocer". Amparo comenzó entonces a seguir el legado del Fantástico Hombre Pulga, de quien fue compañera hasta que éste decidió retirarse hace pocos años.

Para Julio, encontrar a Amparo había sido un maravilloso golpe del destino. Ella era todo lo que siempre había querido en una compañera... divertida, ingeniosa, ocurrente, impredecible, dulce... salvaje en ocasiones. Para Amparo, Julio era... adecuado. Tenía buena presencia, sabía reírse cuando había que reírse y callarse cuando había que callar, era educado y galante y, hasta cierto absurdo punto, le hacía sentirse protegida. No es que la Mujer Pulga, capaz de arrancar la puerta de un coche sin esfuerzo, necesitara grandes dosis de protección, pero, al fin y al cabo, seguía siendo una chica de veinte años a la que le gustaba un poco de romanticismo de vez en cuando.

Eran, pues, una pareja más que perfecta. A la vista del público al menos. En realidad, eran dos personas con dos grandes secretos que eran incapaces de revelarse el uno al otro. Ésta situación cambió radicalmente el día de la invasión de gamusinos del espacio exterior. Aquel día, toda la comunidad superheroica de la ciudad tuvo que unirse para combatir a los poderosos gamusinos que, armados con pistolas pulverizantes, atomizaban la ciudad indiscriminadamente. El Capitán Beltenebros, orgullo y emblema de los poderosos Vigilantes, se alzó como líder natural y desplegó a todos los superhéroes disponibles a lo largo y ancho de la ciudad con el propósito de establecer un perímetro de defensa anti-gamusino. El destino, de nuevo, quiso que el Hombre Pegajoso y la Mujer Pulga hicieran pareja en el distrito oeste.

Al principio no notaron nada raro. El ajustado traje de la Mujer Pulga no dejaba nada a la imaginación, pero tampoco desvelaba esa inquietante mancha que tenía Amparo en la cadera izquierda y que tan fascinado tenía a Julio. La máscara de Pegajoso cubría todo su rostro (producto de su natural timidez y, un poco, de cierta psicosis... no quería ser reconocido bajo ninguna circunstancia). Sus golpes unidos sirvieron para que el distrito oeste permaneciera seguro mientras los pesos pesados del Capitán Beltenebros asaltaban la nave de los gamusinos en órbita sobre el planeta. "Supongo que no somos el tipo de héroe que vive aventuras fuera de su barrio", dijo Pegajoso mirando los fuegos que el combate sobre la atmósfera estaba generando. "Habla por tí, yo puedo ir dónde quiera". Los humos que se gastaba la Mujer Pulga hicieron torcer el gesto a Pegajoso, creyendo reconocer en ella a alguien muy familiar. "¿Nos conocemos?" "Más quisieras". La Mujer Pulga había dudado ligeramente antes de dar tan tajante respuesta. Había algo familiar en aquella figura completamente enmascarada. "No debes respirar muy bien ahí debajo". "Oh, es más cómodo de lo que parece". "Lo que sea", contestó aburrida la Mujer Pulga antes de desaparecer dando saltos de edificio en edificio. Pegajoso estuvo tentado de seguirla, pero dudaba de que pudiera alcanzar su velocidad.

Cuando Julio y Amparo quedaron en casa de ella aquella noche, los dos relataban emocionados lo asustados que estuvieron de los gamusinos espaciales, y cómo buscaron refugio, ella en una conocida tienda de ropa de diseño, él en los sótanos de los laboratorios en los que trabajaba. Ninguno de los dos podía sospechar que, hacía tan solo unas horas, luchaban espalda contra espalda contra esos mismos gamusinos que ahora aseguraban temer tanto. Después de la cena, y de compartir abrazados en el sofá una película que los hizo reír a carcajadas, fueron a la cama e hicieron ruidosamente el amor. Allí, Julio, mientras llenaba el cuerpo de Amparo de besos descubrió un terrible moratón en uno de sus glúteos. Ella, acariciando su cabeza mientras le besaba apasionadamente, descubrió una gran rozadura en su cráneo. Acabada la faena, los dos miraban al techo con expresión pensativa.

Al día siguiente, Amparo tuvo que pronunciar las palabras fatídicas "tenemos que hablar". Julio esperaba una confesión en toda regla, a la que seguiría, sin duda, la suya propia. En su lugar, Amparo, toda decisión y carácter, le dijo que tenían que dejar de verse. Julio recibió la noticia como un golpe. Peor que el golpe más doloroso que el villano Martillo Pilón le podría haber asestado nunca. Julio, Pegajoso, se veía de pronto solo e incapaz. Amparo, la Mujer Pulga, sabía que su vida estaría más vacía, pero su misión no se vería ahora comprometida. Debía de haberlo sabido desde el principio. Amparo debía ser secundaria ante la Mujer Pulga. Los poderes que había recibido estaban ahí por un motivo, y no había justificación alguna para que nada la distrajera de sus objetivos..

Las siguientes semanas fueron muy duras para Pegajoso, que veía como el gran amor de su vida desaparecía de su existencia. Pero más sorprendente resultaba que la Mujer Pulga, determinada e independiente como siempre había sido, notara un vacío que no sabía bien cómo explicar.

Julio, en sus largas noches de soledad, no llegó a relacionar la ruptura con el hecho de que su identidad secreta había estado a punto de ser descubierta por su novia. Amparo no quería ni pensar en que su ex pudiera siquiera sospechar que ella era una de las superheroínas mejor valoradas por el Cosmopolitan del mes de octubre de aquel año... "No sólo luchan contra el crimen, además lo hacen con estilo". Ni siquiera la confirmación de la noticia de que un gamusino renegado había logrado escapar de su nave nodriza y amenazaba con infiltrarse entre la población humana para sembrar el caos y la destrucción pudo distraer a Julio de su aletargado estado de semi-depresión.

A medida que los meses fueron pasando, Pegajoso desapareció de la escena pública. Sus fans se reunían de vez en cuando elucubrando sobre los posibles destinos que podría haber tomado su héroe favorito. Otros discernían que probablemente habría sido secuestrado, quién sabe si en alguna dimensión desconocida o incluso en algún reino infernal. La Mujer Pulga, por contra, estaba más activa que nunca, el mundo del crimen andaba realmente asustado de que una mujer con la fuerza y agilidad proporcionales de una pulga desbaratara insistentemente todos y cada uno de sus grandes planes de pillaje y extorsión.

Julio se quedaba en casa, exprimiendo sus últimos meses de paro (había sido despedido del laboratorio por su creciente indolencia), viendo reposiciones de sus series favoritas y bebiendo Coca-cola light sin cafeína. A veces se torturaba viendo las noticias que hacían referencia a la Mujer Pulga, o a la excéntrica vida de Amparo Tapias, la hija del multimillonario. Julio solía pensar en aquella horrible etapa, que Amparo era una chica muy por encima de sus posibilidades. Él no era millonario, ni terriblemente atractivo, ni tenía ninguna ocupación tan fascinante como aquellas que solían tener sus famosos pretendientes. Sin embargo, en un momento de lucidez, se dio cuenta de que tenía algo que ninguno de ellos poseía... él era Pegajoso, y lo que es más... conocía el secreto de Amparo Tapias, por más que ella deseara que no fuese así. De modo que, una vez tomada su decisión, se puso manos a la obra en su pequeño laboratorio casero...

(continuará...)

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Formas de buscar una muerte lenta y dolorosa- Hoy: la Coca-Cola Light sin cafeína

Posteado por: The Devil Rules the World el 3 nov En: Yo, mí, myself... Algo de todo lo demás - 29 comentarios

Parte 1: La cena:

Hace ya unos meses que he cogido la costumbre de tomar una cena ligerita que en muchas ocasiones se convierte en una ausencia total de cena. Ésta afición proviene de ser un tirillas de toda la vida y de repente verte con algo parecido a una barriga y un asomo de michelines. Mi pasado de tirillas se rebeló y, casi de inmediato, empecé a perder peso. El tema es que sigo perdiendo peso. Mis pantalones han quedado varias tallas por encima de mi cintura actual, y mi barriga no vuelve por más que me empeñe. Soy el increíble hombre menguante. Pero estoy divagando. Coño. Una cena ligera a la que recurro mucho es el famoso sandwich de mortadela con queso y mostaza. Me encanta la mortadela, es mi fiambre favorito. Nunca he comprendido que vé la gente en el chopped ni por qué compran jamón york cuando existe la mortadela. La cuestion es que acompañada de mostaza y una loncha de queso se convierte en un sabroso bocado que, aderezado con patatas fritas de bolsa se convierten en la cena de los campeones.

Para regar todo eso, suelo echar mano de agua fresquita, pero a veces, si hay algún refresco interesante, tiro de refrescos. A veces, incluso, de Coca-cola.

Parte 2: La Coca-cola:

Tengo un problemilla físico (bueno, más de uno). Una afección realmente patética que consiste basicamente en tener una lengua visualmente asquerosa. Y ya. No tiene ningún efecto chungo, no se puede curar, no sirve para nada, ni bueno ni malo. Esas son mis afecciones. Soy un mierda. Pero vuelvo a divagar. Tengo lengua geográfica (nombre científico), supongo que se llama así porque mi lengua parece un mapa en 3D. El caso es que cuando era pequeño (ya sabéis, cuando tomaba sugus que sabían a sugus y hacía redacciones sobre Jesucristo convertido en jugador de baloncesto), las bebidas con gas me producían un picor insoportable en la lengua. Eso provocó que me mantuviera alejado permanentemente de la Coca-cola y que, tras la triste desaparición de la Fanta sin gas, me arrimara al Trinaranjus de naranja (en una relación de amor que continúa hasta nuestros días). Asi pues, la Coca-cola nunca formó parte de mi vida. La detestaba incluso. Aj. Otro motivo para ser un bicho raro en el colegio.

Pasaron los años y según salía por ahí (ya adolescente) ocurrían dos cosas cuando pedía Trinaranjus en un bar: 1- Se reían de mí. Ó 2- Se reían de mi y me decían que no tenían. Frustrado por la ausencia de un refresco que me alimentara tuve que unirme al enemigo. Y empecé a probar la Coca-cola. Un poco porque no había más pelotas. Con el tiempo, incluso bebía Coca-cola en mi casa (eso sí, con todo el hielo del mundo para aguarla hasta lo imposible). Me había convertido en un jodido bebedor de Coca-cola.

Parte 3: The Devil (Coca-cola) Rules the World:

Llevo años tratando de convencer a la gente de que no son los políticos, ni las empresas farmacéuticas, ni los medios de comunicación los que controlan a las masas y los aborregan para llevarlos a dónde les conviene... no, es la Coca-cola Company... que posée más dinero que muchos países del mundo y, aún peor, controla el destino de la gente, habiendo convertido en adictos a gran parte de la población mundial. La Coca-cola es casi el único producto que puedes encontrar en cada jodido rincón del planeta, y eso da cosilla.

Si Coca-cola quiere, puede dominar el mundo con un chasquido de sus dedos.

Imaginaos que mañana se corta el suministro de Coca-cola en todo el universo. Que en un mes se acaba la puñetera bebida a base de extractos (puede alguien por el amor de crrrristo explicarme qué es un "extracto"??), que ya nadie puede beber más ese preciado líquido dulzón, repelente y desatascador de tuberías. Suicidios en masa, histeria, perros y gatos conviviendo... desorden social. Muerte, destrucción. Sería más jodido aún a que se acabara el petroleo en todo el planeta. Y sabés que lo sabéis. Coca-cola lleva cien años convirtiendo en yonkis a millones de seres humanos. Y el que controla la droga, tiene el poder.

Y aquí entra la Coca-cola light sin cafeína.

Parte 4: Light y sin caféina, tócate los cojones:

Como parte de su plan para la dominación del mundo. Coca-cola pronto comprendió que había que diversificarse para llegar a la mayor cantidad de gente posible. Así nació la Coca-cola light, que sabe igual pero más dulzona y que tiene menos calorías. Es decir, es como si tienes una bomba nuclear de 10 kilotones apuntando hacia tu barrio y la cambias por una de 8 kilotones.

- Uff, menos mal que han cambiado la bomba de 10 kilotones, por una de 8, ahora me siento mucho más seguro.
- Pues sí, pues sí.
- Y eso que sigue apuntando aquí al barrio ¿eh?
- Ya, pero ahora son 8 kilotones. No 10. No comparemos.
- Claro, claro.

Luego vendría la Coca-cola sin cafeína. Para que todos aquellos que no duermen, o que se sobreexictan puedan seguir destrozando su estómago sin mayores consecuencias. Luego vendría la Coca-cola de cereza, de vainilla, de color transparente, light con limón, light light, light con melocotón-ton-ton, y cien mil variantes más que nunca llegaré a comprender. Y entonces llegó la Coca-cola light sin caféina. Que es como beberse el resultado de exprimir el calcetín sudado de un guarro que lleva diez días caminando bajo el sol andaluz.

Sí, amigos. La Coca-cola light sin cafeína tiene todas las ventajas de un análisis de orina bajando por tu garganta... una auténtica explosión de sabor en tu boca.

Parte 5: Conclusiones y Final:

Así pues, mientras devoraba mi sandwich de mortadela con queso y mostaza, abrí la nevera descubriendo un auténtico arsenal de latas de Coca-cola tintadas de un evocador dorado-orina, en las que se podía leer

"Light, sin cafeína... ¿qué mierda más necesitas para comprar una coca-cola?? le hemos quitado calorías, le hemos quitado cafeína, hemos perdido todo el sabor por el camino y lo hemos sustituido por algo remotamente parecido a la Coca-cola... ¿vas a bebertelo de una vez???".

Bueno, o al menos eso creí entender.

Cogí una lata con cierto asco, y con el lejano recuerdo de haber probado algo parecido alguna vez y no salir muy satisfecho. Aún así bebí un sorbo y comprendí. Coca-cola Company, dueña de nuestras vidas y nuestros destinos, capaz de convertir a un proscrito bebedor de Trinaranjus en un ocasional consumidor de su líquido dulzón y de origen siniestro... había clavado otro clavo más en el ataúd de nuestra sociedad. La Coca-cola sin cafeína y light está en nuestras neveras sin que nos hayamos dado cuenta.

O sea que...

Tenemos un líquido putrefacto que, por alguna razón psicotiza a millones de personas en el planeta. De alguna manera algo grotesca podríamos incluso decir que la Coca-cola se puede beber (mejor si es en botella de cristal), y que incluso los eructos que salen por la nariz no son molestos si te lo tomas con humor. Podemos decir que la Coca-cola light es una versión edulcorada (toma ya!) de la normal, y que la Coca-cola Zero es una versión extra de la light para gente con conciencia culpable. Podríamos decir que la Pepsi es como un mal chiste que le contó la Coca-cola normal a la Light, y que la Coca-cola sin cafeína se inventó para que los padres pudieran metersela en el biberón a sus vástagos sin sentirse demasiado culpables... y finalmente, en el último y lamentable escalón de la evolución de la especie... la Coca-cola Light sin cafeína es el modo que tiene la Coca-cola Company de desearnos a todos un feliz suicidio. Lento y doloroso (para que puedas seguir consumiendo) pero feliz. Ya sabéis, con ese lejano pero familiar regusto a bebida de extractos. Y según mi organismo asimilaba el triste bebercio, mi tripa, instantaneamente, menguaba todavía más. Pronto seré polvo cósmico...

Enjoy!

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Banca telefónica

Posteado por: The Devil Rules the World el 31 oct En: Loser Films Algo de todo lo demás - 11 comentarios

Suena el teléfono. Una señorita de voz melódica me dice desde el otro lado:

- Hola, ¿podría hablar con alguien de Loser Films?
- Sí, soy Mario, yo soy de Loser.
- Ah hola, ¿qué tal Mario? te llamo de bankinter.
- Ah (sudor frío)
- Te llamo para informaros de que tenéis un descubierto en la cuenta.
- ¿En serio?
- ¿No os ha llegado ninguna carta?
- Sí, unas seis.
- Ah, pues eso, era para que tratéis de normalizar la situación cuanto antes.
- Ya. Está bien esto de que nos lo recordéis todos los días, así nos será mucho más facil conseguir el dinero.
- Claro. Lo hacemos encantados.
- No te pases.
- No, en serio.
- Voy a fugarme a Venezuela, ¿te enteras? Nunca veréis ni un céntimo.
- Venezuela tiene tratado de extradición.
- No lo tiene.
- Oh, sí, sí que lo tiene.
- ...
- ¿Cuando podréis ingresar el dinero que nos debéis?
- Depende de cuando nos quieran pagar a nosotros.
- ¿Cuando crees que os pagarán?
- No creo que nos paguen. Creo que se han fugado a Venezuela.
- Venezuela no es tan interesante.
- ¿No?
- He estado allí.
- Mmmm...
- Bueno Mario, encantada de hablar contigo.
- Un momento, no cuelgues.
- ¿Qué pasa?
- Nada, tienes una bonita voz. ¿Haces algo esta noche?
- Oh vamos...
- Lo digo en serio, no sabía que en los bancos trabajase gente tan interesante como tú.
- ¡No me conoces!
- Sé que has estado en Venezuela.
- Tonto...
- Je.
- ¿Y cuál sería tu plan para esta noche?
- Nada serio. Cine, cena, paseo nocturno...
- En realidad no debería...
- Anda tonta.
- Jijiji...
- ¿Te recojo a las siete?
- Llevaré una rosa roja.
- ¿Dónde la llevarás?
- Jijiji...
- Oh cielos, creo que ha sido un flechazo.
- ¿Y qué dices que llevas puesto?
- Aún sigo en pijama, hace dos meses que no me llega trabajo.
- Arfff.
- Pensaba desayunar ahora mismo, ¿quieres acompañarme?
- Es la una y media. Me voy a comer dentro de media hora.
- No si yo puedo evitarlo.
- Jijiji... Te veo esta tarde, guapetón.
- No puedo esperar.
- Oh cielos, mi corazón está acelerado.
- Te quiero.
- ¡Yo también te quiero!
- Necesito verte. Hagamos locuras. Ya. Ahora mismo.
- ¡Sí! ¡¡Síii!!
- ¡Rompete las medias!
- ¡¡¡Sí!!!
- Grrrr.
- Ñññññ.
- Oh cariño, está siendo el mejor polvo de mi vida.
- Ufff ufff...
- Espera, espera...
- ¿Qué? ¿Qué pasa?
- Viene mi madre, habla bajito.
- Oh dios... que emocionante, jiji.
- Shhhh.
- Perdón.
- Mierda. Creo que me ha pillado.
- ¿Cómo?
- Estoy dentro del armario. Me ha pillado. Quiere que salga y le ayude con la comida.
- Mario, creo que deberías empezar a ser un poco más independiente de tu madre. No puedes pasarte la vida con ella a tu lado.
- Tu no lo comprendes. Me necesita.
- ¿Te necesita? ¿Y qué hay de lo que YO necesito?
- Por favor, no me vengas con esas otra vez.
- No tienes en cuenta mis sentimientos.
- No quiero volver a hablar sobre esto.
- ¡Hablaremos las veces que haga falta!
- Maldita zorra egoísta... ¡Es mi madre por el amor de diossss!!
- No me hagas decirlo...
- Ni se te ocurra pensarlo.
- O tu madre....
- No lo digas.
- ... O yo.
- ...
- ¿Mario?
- Es la última vez... ¡la última, que te consiento algo así!
- No me valoras. Creo que esto ya no tiene sentido.
- Si es que alguna vez lo tuvo.
- Ha sido un error desde el principio. ¡Eres como todos los demás! ¡Te odio! ¡Te odio!!!!
- No seas histérica. Buscabas lo que buscabas. Déjame en paz.
- Ojalá te mueras.
- Así no tendría que volver a escucharte.
- ¡No tendrás que volver a hacerlo, descuida!
- Promesas, promesas...
- Arggghhhh... ¡Eres detestable!
- Espera. No te pongas así.
- ¿Qué? ¿Por qué?
- A lo mejor me he pasado un poco. Recuerdo que solíamos pasarlo bien y... en fin, echo de menos los viejos tiempos.
- Oh.
- ¿Sabes a lo que me refiero?
- Sí, claro. Puede que yo también me haya pasado un poco.
- Eso no significa que deje de sentir cosas por ti.
- Claro que no.
- Siempre serás mi pastel de cerezas. Lo sabes ¿no?
- Jijiji...
- No volvamos a pelearnos. Me siento mal...
- Odio pelearme contigo, pero me encanta hacer las paces.
- Tontita...
- ¿Vendrás a recogerme?
- A las siete.
- A las siete.
- Allí estaré.
- Mpfff...
- Arfff.
- Cuchi cuchi.
- Guarrilla....
- Jijiji...

Cuelgo. Esta tarde tengo una cita. Creo que está en el bote.

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Caramelos

Posteado por: The Devil Rules the World el 30 oct En: Yo, mí, myself... Algo de todo lo demás - 14 comentarios

Compraba al peso, o en bolsas, daba lo mismo. La cosa era diversificar los sabores. Me volvían loco los cuatro. Antes, mucho antes, me los compraban en paquetitos. Diez sugus, puestos uno encima del otro hasta alcanzar una forma de columna cuadrada. Cada columna de un sabor. Y recuerdo que en aquella época había de menta. ¿Realmente los había de menta? Juraría que sí. El caso es que me los compraban en el cine, y me los comía así, antes de empezar la película. Eso y las chocolatinas de nestle, que eran como monedas gordas y que también tenían forma de columna, o de barrilete. Pero no voy a hablar del chocolate ahora (que no). El caso, como iba diciendo, primero uno de naranja, porque los de naranja y limón eran como los menos interesantes, los más obvios. El de piña era el más exótico. Pero el de fresa era el más rico. Los iba alternando. Naranja, limón, piña, fresa... y luego cambiaba... fresa, limón, piña, naranja... y volvía a cambiar... Mi boca tenía ya un regustazo dulzón y mis dientes rechinaban de azucar, pero no podía parar. Entonces me metía un sabor de cada en la boca y lo masticaba todo junto. Ascazo. Y luego sacaba la bola gigantesca y la miraba con curiosidad (ascazo doble). Y me la volvía a meter en la boca.

Cuando comprabas una bolsa, a veces los sugus estaban un poco pasados. Estaban duros. No importaba, entonces lo que había que hacer era metértelos en la boca y domarlos con tus dientes, poco a poco, hasta que se fueran ablandando... no importaba que se cuartearan y se partieran, el tema era reblandecerlos bien blandos.

Otras veces no estaba el cuerpo para un atracón, y había que decidir cuál era el sugus para tu estado de ánimo. ¿Estoy en plan limón? ¿o en plan fresa? Estar en plan piña era realmente complicado. La piña es una fruta que no me gusta especialmente, pero el sugus de piña apenas me sabe a piña. Sabe a sugus de piña. La fresa la convirtieron en frambuesa. Era basicamente lo mismo, no sé a quién querían engañar, y el rojo del envoltorio se convirtió en púrpura. Apareció entonces el sugus de cereza. Ese gran infiltrado. Y no vino sólo. También vinieron la manzana con su envoltorio verde y algún otro sabor horripilante. Habían pasado muchos años desde mis atracones de sugus, pero la curiosidad pudo conmigo. Compré una bolsa, y eran horribles... horribleeeeeeees. Ni siquiera los de frambuesa sabían a fresa, ni los de piña a sugus de piña. Todo había cambiado. Mi vida había sido destruida. Por la manzana, la cereza y otros tantos sabores usurpadores.

O eso pensaba yo. Años (y años) después, mi historia de amor con los sugus tuvo un inesperado reencuentro. Alguien acercó a mí una bolsa llena de ellos. Los rechacé, como el amante despechado que mira con asco a su antiguo amor. Tal era mi desengaño con los jodidos cuadraditos de suchard. Pero la frambuesa (fresa) siempre fue mi debilidad, así que lo cogí, me lo metí en la boca y volví a tener cinco años. ¿Qué había ocurrido? ¿habían recuperado la cordura? ¿había vuelto el sabor de toda la vida? ¿quizá es que nunca se había ido y simplemente pillé una bolsa de caramelos caducados? Aunque ya era tarde, y los atracones pertencían al pasado. Fue una bonita historia, pero de ahora en adelante nos veríamos de tiempo en tiempo, sin la misma pasión de antaño. Y de todas formas, ahí seguía la cereza, como prueba irrefutable de que, durante un tiempo, los sugus quisieron ser otra cosa diferente de la que eran (¿manzana?? puaj)...

Y aún con todo, de vez en cuando, una bolsa de sugus se cruza en mi camino, y ese rechinar de dientes, ese sabor característico, ese combinar sabores de forma calculada... vuelven a mí. Como si nunca se hubiesen ido.

Para mi los caramelos de verdad, los genuinos, se masticaban.

¿Y por qué los palotes sabían igual que los sugus de frambuesa (fresa)? ¿¡Eh!???

¡¡Fijaos, fijaos!! Aquí abajo... Son los paquetitos por sabores que decía... ¡y hay uno verde! ¡El sugus de menta existía!!!

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