Malditos suecos. Tan prágmáticos. Tan responsables. Tan sobrios. Tan calculadores. Tan económicos. Tan... bonitos...

Soy un desastre con las manualidades. No, no lo entendéis. Soy un PUTO desastre con las manualidades.
En el colegio todo lo que pasaba de hacer bolas con la plastelina escapaba a mi comprensión. En las clases de pretecnología siempre hacía el ridículo. Y me refiero a que la profesora se ría de tí en tu cara. Nunca fui capaz de cortar un tablón con una sierra de pelo. Joder, ni siquiera era capaz de hacer que el pelo se quedase sujeto en la sierra.
Nunca he sabido usar pinturas. No sé cómo leches la gente consigue hacer cosas comprensibles con un pincel. Me maravilla, en serio. Hay gente que incluso se dedica a pintar de colores a David el gnomo como forma de pasar el tiempo... ¡como forma de pasar el tiempo! Una vez me regalaron unas figuras de yeso y unas pinturas. Hice un solo amago de pintar una de ellas (era el jodido David el gnomo... claro). El resultado fue tan grotesco que mi madre gritó al verlo. Coño, fue tan grotesco que ni siquiera me extrañó que mi madre gritara al verlo.
Nunca conseguí hacer una sóla maqueta que aguantase en pie. Ni una. Y no hablo ya de las maquetas de madera y cola blanca y movidas así. Hablo de los recortables que venían en el "Don Miki" con forma de casas que solo tenias que doblar la linea de puntos y pegar unos con otros. Nada. Siempre acababa con las manos llenas de pegamento Imedio. La mayoría de las veces no conseguía ni quitar el puñetero alfiler con el que tapaban el pegamento. ¿Se os ocurre un sitio más absurdo para poner un alfiler?
Cuando empezamos a hacer cortometrajes, yo era incpaza de concebir un solo efecto especial o de maquillaje. Para eso estaba César que siempre aparecía con una práctica solución de andar por casa. Yo siempre decía "¿podremos hacer esto? ¿podremos hacer que la sangre salga despedida?" y él decía que era facílisimo, cogía un tubo y dos chorradas más, lo llenaba de granadina y soplaba. O cogía un bote de dermawax, o papel higiénico húmedo manchado de pintura roja, o cualquier cosa. Y yo pensaba que qué leches haría sin César. Probablemente comedias románticas.

Soy un desastre con las manualidades. Hoy he estado en Ikea. Malditos suecos, odio las manualidades ¿es que no os habéis enterado?
Mi primera experiencia con Ikea fue hace un año aproximadamente. Entré, me fijé en los precios y flipé. Vi una estanteria por 15 euros que podría acabar con todos mis problemas de almacenaje de comics y caí como un patán. "¿Me la llevo montada?" le pregunté a mi resignada novia. "No, hombre"... entonces me llevó al almacén... con el carrito... puto Ikea... háztelo tú mismo. Venga, y qué más. Tienes que coger el carrito, cargar con el jodido mueble sin montar, meterlo en tu coche, montarlo en tu casa... grrr...
"Haztelo tú mismo" significa "así te mueras con tus cuatro tablas".
Monté la estantería esa noche en mi casa, esperanzado con la promesa de que no necesitaba herramientas, ni clavos, ni martillos, ni sierras... la monté. Fue complicado. Para terminar fui a clavar el cutre-trozo de cartón que hace de "fondo" de la estantería (clavos... grrr... martillo... grrr). Entonces me di cuenta de que la había montado al reves. Las dos patas no coincidían. Una estaba mirando al norte y la otra mirando al sur. Maldito Ikea. Volví a empezar. Lo conseguí. Funcionaba. La estantería quedaba coja y los estantes se doblan si hay mucho peso, pero bueno. Son 15 euros, ya tengo donde poner algunos de mis cómics.
La segunda vez fue cuando compramos muebles para nuestar oficina. me tocó montar los sillones. Cuando acabé me di cuenta de que había montado los reposabrazos al revés. Maldito Ikea, como leches iba a saberlo... al día siguiente me tocó el otro sillón. Puse mil cuidados en no repetir la torpeza del día anterior. Os juro que me fui fijando en cada paso, comparando con la otra silla, verificando cada pieza para que fuera la correcta y estuviera en la posición adecuada. Fracasé. Volví a montar los reposabrazos al revés. OTRA VEZ.
Tengo la teoría de que la gente va tan ilusionada a Ikea porque en el fondo todo el mundo lleva dentro de sí un "pintagnomos", pero pocos se atreven a dejarlo salir. Cuando vas por el almacén buscando las cajas cuyos códigos previamente has tenido que apuntar en esos lápices tan monos (pensemos en esto un instante... HAY QUE APUNTAR CÓDIGOS PARA RECOGER CAJAS DE UN ALMACÉN CON ESTANTERIAS DE 20 METROS DE ALTURA... ... ...¡por amor de Dios, ¿qué clase de tienda es esta?!) sueles ver a mamás y a mujeres de cincuenta, o sesenta años que en su vida han movido un músculo, cargando con pesadas cajas que los empleados de almacén transportan con grúas. Alguien ha llevado demasiado lejos su pasión por la decoración...
Ikea es un inmenso taller de manualidades. La gente entra, apuntan números y cargan con pesadas cajas para luego llegar a casa y jugar al lego con ellas. Repitamos: "Háztelo tú mismo" significa: "así te mueras con tus cuatro tablas".


Ikea ha descubierto el modo de que los clientes sean los únicos que curren en sus tiendas. Encima pagan por ello y se van contentos a sus casas. ¿Es que el gobierno no va a hacer nada???

De la atención al cliente no voy a hablar. Necesitaría varias horas.
Y de la cafetería... bueno, siempre podemos recurrir a lo mismo "es tan barato..."
Hoy he estado en Ikea. Puto Ikea. Me he comprado la misma estantería que hace un año por otros 15 euros para poner todos los cómics que el año pasado no me cupieron en mi estantería nueva. He llegado a casa. Me he puesto a montarla. He acabado en unos quince minutos con una expresión de orgullo que no cabía en mí. "La otra vez me costó más" he pensado. He colocado el trozo de cartón de fondo, lo he clavado a los bordes con unos clavos y un martillo. Al ir a poner las sujeciones para apoyar los estantes me he dado cuenta de que había puesto las tablas al revés. Los agujeros para apoyar los estantes estaban mirando hacia fuera. ESTABAN-MIRANDO-HACIA-FUERA.
Hoy he estado en Ikea. Puto Ikea. Malditos suecos.
Malditos, malditos suecos.


Que te abrace tu puta madre...