He acabado de escribir un guión. Es para un largometraje. Puede que lo rodemos. O no. No suelo escribir mucho últimamente. Hace tiempo escribía continuamente. Ahora escribo uno o dos guiones al año. O uno o ninguno. El caso es que escribir se me hace complicado. Mi imaginación va más rápido que mis manos. Y es un rollo tener que ir al ritmo de mis manos (y tecleo, rápido, creedme), así que muchas veces no escribo por pereza. Prefiero pensar historias, es mucho más cómodo, aunque así nunca trasciendan más allá de mi imaginación. Y en mi imaginación no duran mucho más de un par de días. La única ventaja es que de vez en cuando, al leer el argumento de la próxima película de quien sea, siempre puedes decir un interesante "a mi se me ocurrió hace tiempo una idea parecida" y durante los siguientes quince segundos eres el centro de atención de la fiesta (quince segundas es toda la atención que alguien va a prestarte cuando quieres contarle el argumento de LO QUE SEA).
El caso es que siempre hay algo a lo que me enfrento cuando escribo un guión que me parece fundamental. El realismo.
Me da igual estar escribiendo una historia de vampiros o zombis (y he escrito unas cuantas de unos y otros), cuando escribo diálogos necesito que suenen creíbles. Necesito creermelos.
Cuando empecé a escribir, siempre quería hacer diálogos chulos. Ya sabéis... CHULOS, de esos que puedes recordar al salir del cine con una sonrisa "qué diálogos tan buenos" (frase que puso de moda "Pulp Fiction") y que desde siempre, sólo la dicen los pardillos que van de entendidos (si crees que te acabo de llamar pardillo porque te has sentido aludido, debe de ser porque eres un pardillo).
Tengo diálogos en algunos de mis guiones que harían vomitar a una cabra. Es lo que pasa cuando tratas de ser genial todo el tiempo, que acabas por revolver el estómago de las cabras.
Creo que en el momento en el que comprendí que los diálogos tenían que sonar naturales (de la misma forma en la que suenan cuando los pronuncia Javier Bardem, por ejemplo) fue cuando mis guiones empezaron a mejorar.
¿Y qué es lo que hace creíble un diálogo? No tengo ni puñetera idea. Pero hay algo que me obsesiona siempre que escribo un diálogo:
La palabrota perfecta. El insulto adecuado.
La gente normal, cuando habla, dice muchos tacos. Es inevitable. Yo los uso, casi hasta la parodia. Es divertido soltar tacos (no con tu madre delante, claro, pero ya me entendéis). Así que cuando quiero que los diálogos suenen realistas hay que meter, obligatoriamente (y siemrpe dependiendo del personaje y el contexto) algún taco que otro.
Y aquí es dónde suelen empezar los problemas, porque... ¿cuál es el insulto perfecto para cada ocasión? No es una pregunta sencilla, creedme.

Un JODER tiene unas connotaciones ilimitadas que un COÑO nunca llega a alcanzar... GILIPOLLAS es un insulto que se puede utilizar en innumerables contextos, incluso en uno cariñoso, en cambio HIJO DE PUTA casi nunca suena cariñoso. Aunque puede sonar excitante. A mucha gente le gusta usar insultos mientras hace el amor, en esas ocasiones un CABRÓN puede ser mucho más socorrido que un GILIPOLLAS, pero a lo mejor no tanto como un HIJO DE PUTA, lo que sí es seguro es que casi siempre que hablamos de realismo... es mucho mejor JODER o FOLLAR que "Hacer el amor".
Pongamos por ejemplo, cuando un personaje está cabreado consigo mismo por algo que él cree que ha hecho mal. Puede haberle puesto los cuernos a su novia, o haber tirado a la basura unos papeles muy importantes... o no sé.. puede haber atropellado a una persona cuando conducía hablando por su teléfono móvil. En casi todos esos casos, un ME CAGO EN LA PUTA puede antojársenos inapropiado, no así un parco y escueto ¡MIERDA! que casi siempre es el comodín de los insultos. Vale para casi todo.
Si nos vamos al inglés, idioma del que tomamos muchas expresiones, a mi personalmente me encanta FUCK! que es el equivalente al castizo ¡JODER! pero que suena más cañero (seguramente porque sólo tiene una sílaba por dos de la palabra española). En cambio SON OF A BITCH me parece que queda como un insulto de pijos, no es sonoro ni queda bien. Lo mismo me parece ASSHOLE cuya traducción literal es mucho más divertida que nuestro GILIPOLLAS ("eres un agujero del culo"), pero es mucho menos sonoro.
Más divertida si cabe es la traducción literal de BULLSHIT ("mierda de toro") que especifica el animal del que procede nuestro huérfano MIERDA. Claro que ellos también simplifican con un directo SHIT.
Lo que en cambio no tienen los angloparlantes (que me corrijan los filológos si me equivoco) es una expresión tan fascinante y completa como HAY QUE JODERSE... (los puntos suspensivos son importantes). Los británicos tienen también una expresión que adoro y que consiste en añadir un BLOODY delante de cada cosa que les molesta. Un equivalente a nuestro JODIDO, pero con traducción mucho más interesante. Un ejemplo: "Dame esa jodida llave de una vez" se transformaría en el mundo de Harry Potter en "Dame esa sangrienta llave de una vez".
Humor inglés.
Para acabar, una de mis expresiones favoritas, acuñadas recientemente y que no dejo de usar siempre que puedo... WHAT THE FUCK... que muchos dirán que equivaldría al mencionado anteriormente HAY QUE JODERSE pero que yo prefiero traducir (creo que acertadamente) por PERO QUÉ HOSTIAS... o también PERO QUÉ COJONES... o incluso, aunque ésta es mucho más sosa, PERO QUÉ COÑO....
La conclusión a todo esto es que no es lo mismo decir HOSTIAS que COJONES que PUTA. Cada insulto tiene su lugar y significado propios, y saber ubicarlos en el sitio adecuado es lo que distingue a los buenos dialoguistas de los malos (vale, entre otras muchas cosas).
Para acabar, un consejo de nuestro patrocinador. Y por favor, hacedle caso que estamos teniendo muchas bajas últimamente...