Corría la primavera del año 1998 y andaba yo por Madrid sin nada que hacer. Por razones que no recuerdo tenía por delante varias horas muertas antes de una cita, asi que me acerqué al cine Real Cinema (ahora es un teatro) en dónde ponían películas en versión original a ver si podía echar un par de horas. La oferta no parecía muy interesante, así que me metí a ver una película que no tenía especiales ganas de ver, y que de hecho probablemente nunca hubiese visto en cualquier otra situación.

La película en cuestión era "Grandes esperanzas", de Alfonso Cuarón.
A la salida del cine andaba algo conmocionado. No estaba preparado para el poderío narrativo demostrado en la película. Me pareció alucinante. Me pareció que si Brian De Palma rodase dramas románticos, serían como "Grandes esperanzas". Intensa, emocionante, con una banda sonora absolutamente perfecta... y un puñado de escenas dignas de cualquier antología de "grandes momentos del cine".
Con el tiempo y sucesivos visionados se ha convertido en una de mis películas favoritas. Curiosamente no tuvo ningún tipo de repercusión y que de hecho el tiempo no ha tratado mucho mejor. Incluso el propio Cuarón la ve como un trabajo alimenticio. Pero yo estoy enamorado de ella, a pesar de su falso y tramposo final (único defecto).

Y lo peor de todo es que ni siquiera he leído el clásico de Dickens.

Como una revelación semejante no puede quedar sin consecuencias, empecé a interesarme por la filmografía de Cuarón, que por entonces era bastante escasa. Su primera película en México aún no he conseguido verla, pero su segunda película (ya en EEUU) tenía cierto prestigio crítico, así que me hice con ella. Se llamaba "La princesita" y sí, era una película para niños.
Y de nuevo, con algo que de ninguna manera me hubiera interesado en otras circunstancias, descubrí otro peliculón. Una de las mejores películas infantiles que he visto. Un cuento para antes de dormir que te cautiva de principio a fin, y que a pesar de estar dirigido a un público menor de diez años, consigue que no te despegues de la pantalla ni un segundo, como sólo las grandes películas infantiles consiguen hacer con alguien mayor de 10 años.

Después del relativo fracaso de "Grandes esperanzas", Cuarón volvió a Mexico para rodar la que seguramente es su película de más éxito, tanto crítico como comercial.

"Y tu mamá también" es una extraña película sobre tres personajes no demasiado ajenos a gente que nos rodea, que se embarcan en un viaje no demasido espectacular en busca de nada en concreto.
El virtuosismo visual queda aquí sacrificado en beneficio de un estilo neorealista que proporciona unas imágenes de extraña pureza. Las interpretaciones son realmente asombrosas (nunca pensé que me iba a creer a Maribel Verdú) y aunque no es la película que uno podría esperar del director de "La princesita" y "Grandes esperanzas", es, sin duda, una enorme película con enormes virtudes (incluyendo unas desprejuiciadas escenas de sexo, que, admitamoslo, siempre vienen bien).

Su siguiente film sorprendió a mucha gente. "Harry Potter y el prisionero de Azkaban" no parecía la opción más lógica para el director de "Y tu mamá también", pero claro, los que se sorprendieron, no habían visto "La princesita".

La tercera parte de Harry Potter tiene el problema de cargar con la losa de la adaptación del libro. El guión tiene enormes agujeros y la trama es un poco caótica. Aún así, cinematográficamente hablando, la película goza de una personalidad que no tenían las dos primeras entregas. Para mí es un trabajo algo fallido pero muy destacable. Una película con un gran ritmo y sentido del espectáculo capaz de satisfacer con creces a los fans de Harry Potter, que era, a fin de cuentas, el objetivo final.

Con esto llegamos a su última película, "Hijos de los hombres", que, como es obvio al leer este artículo, esperaba con expectación. Su trailer, uno de los mejores vistos últimamente, añadió más leña al fuego. Lástima que su estreno coincidiese con el último De Palma (aún hay clases, después de todo).
El caso es que por fin vi la película, así que ahora tocaría el momento en el que me pongo a analizarla y comentar las diferentes sensaciones que me ha ido produciendo y qué tal es su guión, o su fotografía, o las interpretaciones y todo eso que se dice cuando hablas de una película.
Pero no lo voy a hacer. He visto "Hijos de los hombres" y la experiencia ha sido tan acojonante que me gustaría dejaros con la mente limpia para que la descubráis por vosotros mismos.

Es, de lejos, la película que más me ha impresionado en años, y su visionado, una de esas experiencias místicas que a veces ocurren cuando estás en una sala de cine.
Cuando acabaron los títulos de crédito tuve que agacharme a recoger mi culo del suelo. Afortunadamente, las dos personas con las que fui experimentaron más o menos lo mismo. No hubiese soportado tener que defender la película EN ESE MOMENTO.
Y al salir, sólo podía pensar en lo grande que es el cine a veces. Y Clive Owen.

Y dos días después, no puedo quitármela de la cabeza.