Qué cosas. El otro día frivolizando sobre poner fin a este blog (ya de por sí bastate frívolo) y hoy me encuentro de nuevo escribiendo en él para hablar de una despedida mucho más importante.

La expresión "animal de compañía" tiene su gracia. Es totalmente cierta: tu mascota es un animal que proporciona y requiere compañía. Es tan sencillo como eso.

Un animal de compañía está contigo cuando todos los demás tienen planes. Te recibe cada vez que entras por la puerta de tu casa como si hicera años que no te viera. Te da calor en invierno... y en verano (eso no mola tanto), y se esconde tembloroso bajo tus piernas cuando hay tormenta.

Mi perro se llamaba Zoque, se lo pusimos por zoquete... el pobre cuando era un cachorrillo no podía sostenerse sobre sus cuartos traseros. Era el más torpe y el más lento de la camada, pero se le veía igual de feliz. Antes de ayer, mísmamente, me miraba mientras me comía un filete con esos ojos de penita a los que no te puedes resistir, mientras sus patas traseras se resbalaban por el azulejo de la cocina, para acto seguido dar unos pasitos recuperando el trecho perdido... y volver a resbalarse... está claro que no mejoró mucho en ese aspecto en sus catorce años de vida. Pero tenía otras virtudes.

Nunca dejó de parecer un cachorro... incluso cuando el corazón empezó a fallarle, aprovechaba la minima ocasion para buscar una buena pelea contigo. Se interesaba por tu estado de ánimo, aún recuerdo cuando un día, en medio de mi depresión post-exnovia, andaba llorando por una esquina de mi casa y Zoque se acercó a lamerme la cara como diciendo "olvídala, es una zorra y no merece tus lágrimas... sácame a pasear". Su sonrisa con lengua fuera era contagiosa, y sus andares de leoncito eran extremadamente graciosos. Jamás le hizo un feo a nadie, como mucho le gustaba rabiar un poco al perro del vecino que estaba encerrado tras una valla...
Era un gran perro pequeño.

Zoque se murió en mis brazos en la mañana del domingo. Creo que fue rápido. Vi como la vida le abandonaba mientras perdía el control de su cuerpo. Es mal día el domingo para que se te muera un perro. No hay ningún veterinario que quiera venir a llevárselo en domingo. Como resultado, tuvimos un absurdo y no deseado velatorio con un pobre animal metido en una caja, envuelto en un bolsa de basura y enterrado en hielo.
Pero tuvo una vida de puta madre.

Adios Zoque, te echaré de menos.