En el 2005 ya estábamos curados de espantos. Ya habíamos sido testigos del regreso de “La guerra de las galaxias” seis años antes y despues habíamos visto a Yoda pelear con su sable láser tres años después. Entre medias, “Spider-Man” y “El señor de los anillos” habían arrasado, llevándose consigo a parte de los desencantados fans de “Star Wars” que se fueron con la promesa de no volver... A los incondicionales de la Fuerza nos quedaba el último gran cartucho, el último estallido antes del final de una época... la época en la que aún no sabíamos cómo Anakin Skywalker se convirtió en Darth Vader. Pero el desencanto era contagioso. No por nada, sino porque ya no tienes cinco años, y la increíble expectación que despertaron las precuelas ya parecía agotada.

Error.

Durante el mes de mayo del 2005, los medios de comunicación, siempre atentos a explotar una noticia desde sus ángulos más superficiales, repitieron el bombardeo mediatico que nos asoló en el verano del 99. Gracias a dios, hacía mucho tiempo que había dejado de grabar telediarios y anuncios de televisión, porque las dos primeras semanas de mayo fueron una auténtica fiesta de imaginería del “Hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana...”. Hasta los chaqueteros fans de Frodo y compañía y los desertores desengañados volvieron a caer en la trampa del lado oscuro y acudieron en masa a ver un Episodio III que arrasó en la taquilla como hacía tiempo que no se veía (superando por mucho, lo ingresado por “El ataque de los clones”). Nada de esto fue, en realidad, una gran sorpresa. Sí lo fue la respuesta crítica... con una unanimidad ni siquiera vista en los años de “El imperio contraataca” (bastante vilipendiada en su momento, por cierto). “La venganza de los Sith” según muchos, era el mejor episodio de toda la saga. Palabras mayores para quien ha crecido con Han Solo y la princesa Leia en su corazón.

Y es que hay ciertos aspectos sobre los que merecería hacer un pequeño comentario.

El factor nostalgia, por ejemplo. La nostalgia que nos hizo estar años deseando oír noticias de las nuevas entregas, que nos hizo caer desmayados del shock cuando vimos el primer trailer de “La amenaza fantasma” en noviembre de 1998... Soy de la opinión de que ésta nostalgia corrió en contra de las películas una vez que el público de entre veinte y treinta años se enfrentó a ellas. No sólo por las desmedidas expectativas que pusimos, sino por las inevitables comparaciones en términos de “experiencia vital” que ofrecía, por ejemplo “La amenaza fantasma”, comparada con “La guerra de las galaxias”. La diferencia es obvia.

Nostalgia, pura y dura.

Incluso en mí, defensor a ultranza de la magia que desprenden las precuelas, la impresión que causó el Episodio II no puede compararse a los años que pasé soñando con vivir en Bespin, con pilotar un X-Wing y con ser un caballero Jedi. Simplemente, no se puede. En la anterior parte de éste megapost, rafa aw, en los comentarios, hacia un interesante análisis a nivel de guión del Episodio II, y de Lucas por añadidura. Y es este tipo de análisis sobre los que quiero matizar, no porque sean incorrectos, sino porque creo que son el exacto reflejo de las desmedidas reacciones de frustración y repulsa que generaron los Episodios I y II... un excesivo análisis, una sobreexposición de analítica cinematográfica que una película para adolescentes como “La guerra de las galaxias” nunca debería exigir. No se me malinterprete. No digo que una buena película de aventuras no sea equiparable a otros géneros, o que no pueda parir obras maestras, digo que, simplemente, cuando nos sentamos a ver “Piratas del Caribe” o “Independence day” no examinamos tan al detalle los requiebros del guión ni de cualquier otro aspecto técnico de la película. Sin embargo, el profundo amor que desprenden las viejas pelis de Star Wars, unido a ese factor nostalgia que nos quiere retraer a cuando fuimos pequeñas personas deslumbradas por la magia de aquellas películas... nos obliga a buscar y justificar de forma racional los cómos y los porqués de que una película que forma parte de la saga no nos cause la impresión que nosotros esperábamos de ella.

También está el que las películas simplemente no te puedan gustar. Evidentemente. Yo estoy hablando (por si no lo habías notado) a un nivel terriblemente freak. Lo que pasa es que las generaciones que ya habían pasado la edad para deslumbrarse cuando llegó “La guerra de las galaxias” en el año 77, no tienen esa subjetividad y ese nivel de exigencia que nosotros sí. Para mi padre, que tenía cuarenta y pocos cuando se estrenó la primera película, la única diferencia con el Episodio I es que ésta está repleta de efectos digitales (y que es más floja, pero sigue siendo “La guerra de las galaxias”, en sus inmortales palabras).

Todo este rollo, viene a que si para nosotros, la afirmación “es la mejor de las seis” nos suena a grotesca herejía. Para alguien que, o bien haya crecido con las nuevas películas, o bien ya estuviera crecido cuando llegaron las antiguas, es, simplemente una opinión como otra cualquiera. Como decir que el remake de “El cabo del miedo” es superior al original.

Yo soy una de esas personas que sabe perfectamente que ninguna película que vea a día de hoy podrá dejarme la misma huella que “El retorno del Jedi” hace veinticinco años. Lo sé. Y aún así, “La venganza de los Sith”, me parece, si no la mejor de las seis, casi, casi la mejor de las seis. Ya os veo cogiendo las antorchas...

Me gustaría añadir que la experiencia de ver el Episodio III en el cine no fue ni remotamente comparable al éxtasis del Episodio II. Que la cinta, a pesar de emocionarme y atraparme en muchos momentos, me dejó una ligerísima sombra de decepción... probablemente una mezcla de los putos inciviles que acudieron al estreno en el Kinepolis, de la horrible sensación de que Star Wars, de una vez y para siempre había tocado a su fin, y de mis propias expectativas. Vi la película otras cuatro veces en el cine, y aunque mi opinión mejoró mucho con cada visionado, me seguía quedando con el Episodio II. La última vez que la vi fue en agosto del 2005. Y hace una semana por fin desempaqueté el dvd y me dispuse a acometer el visionado de la nueva trilogía con la deliciosa sensación que produce estar a punto de ver una película de “La guerra de las galaxias” que NO te sabes de memoria.

Como habréis imaginado, este mega-post es directo resultado de esa maratón, y sobre todo, de esa revisión del Episodio III... que me dejó tocado, e inmerso en las más profundas simas del amor y la gratitud eternas.

“La venganza de los Sith” comienza tres años después del final de “El ataque de los clones”, con las guerras clon en su punto álgido y un Anakin y un Obi-Wan cuya relación ha crecido, de paterno-filial a fraternal. Padme y el susodicho continúan manteniendo su amor en secreto, a C-3PO le han pintado por fin del dorado más brillante, el canciller Palpatine sigue usando sus poderes especiales para ir liquidando burocracia y acelerando el final de la guerra, y algunos senadores como Bail Organa, del planeta Alderaan (guiño-guiño-codazo-codazo) empiezan a estar con la mosca detrás de la oreja. En este punto de la historia, al conde Dooku no se le ocurre otra cosa que invadir Coruscant con su masivo ejército de droides y secuestrar al Canciller. Y claro, alguien tiene que acudir al rescate.

A diferencia de los Episodios I y II, aquí no voy a empezar por lo que no funciona. Aquí voy a empezar por el principio, por esa media hora que deja con la mandíbula abierta. Decía no sé quién que una película tenía que empezar con un terremoto y luego ir hacia arriba. Siempre he considerado esas palabras como un auténtico pozo de sabiduría. En el cine de género especialmente, un buen principio puede hacer maravillas por una película, aunque no es nada comparado con lo que hace un gran final... pero, como decía, un buen principio puede hacerte ganar una considerable cantidad de tiempo para exponer tu argumento y a tus personajes. En mi post sobre el Episodio I no me cansé de alabar lo que consideraba uno de los mejores principios que una película de acción y aventuras puede proporcionar... bueno, pues si el comienzo de “La amenaza fantasma” se puede considerar un terremoto, el principio de “La venganza de los Sith” sería el Fin de los días... poco más o menos.

La batalla sobre Coruscant, los buzz droids, R2 salvando el día con los acordes de la fanfarria rebelde, el aterrizaje en la nave, Obi-Wan y Anakin por todos lados cepillándose androides de batalla, de nuevo R2, él solito contra los super droids... el general Grievous, el canciller, la muerte de Dooku, la huída por el hueco del ascensor... yo! yo quiero ser Ben Kenobi! y el win... y el win!...

Se me va...

Como digo y repetiré y repetiré hasta que me muera: los primeros treinta minutos de “La vengaza de los Sith” valen por filmografías enteras de otros directores... no sólo por al alucinante ritmo que no decae un sólo segundo, sino por la maravillosa presentación que hace de los personajes, por el humor, tan familiar y tan... Star Wars (ese R2) y por la perfecta caracterización de los protagonistas, quienes con apenas un par de diálogos nos demuestran cómo su relación y ellos mismos han evolucionado desde la última película, cómo Anakin ha madurado de aprendiz a caballero Jedi, y como ese canciller Palpatine empieza a recoger las semillas que tanto tiempo lleva preparando... para lo cual paga el pato el pobre Dooku, que apenas tiene tiempo para un nuevo y genial duelo son sables láser antes de caer decapitado. Todo un auténtico festín para los sentidos.

Tras este “terremoto”, un poco de calma y la primera escena onírica de toda la saga (en qué cosas tan tontas me fijo, claro que habría quien considere la escena con Vader en Dagobah como onírica... rayos). La cosa es que nos vamos adentrando en una película de guerra en toda regla, mientras el politiqueo y los trapos sucios de Palpatine empiezan a ser cada vez más cantosos, hasta el punto de que los Jedi empiezan a considerar seriamente el golpe de estado... y al mismo tiempo, Anakin, el pobre, bascula de un lado a otro, debatiéndose entre el Jedi que quiere ser, la mujer que ama y la fidelidad a su amigo el canciller...

De entre esta parte central de la película destaca poderosamente la escena en la ópera galáctica en la que Palpatine, perfecto Ian McDiarmid, empieza a ganarse el oscuro corazoncito de Anakin, perfecto Hayden Christensen. Una escena tensa y dramática, ejemplarmente rodada y mejor montada que sirve como contrapunto a las aventuras de Yoda en el lejano planeta Kashyyk, hogar de Chewbacca, donde se está montando la de dios es cristo Originalmente, este planeta iba a ser el climax de “El retorno del Jedi”, pero eso fue hace mucho tiempo y ya hablaremos de ello.

Para cuando Obi-Wan aterriza en Utapau, donde el chungo del general Grievous se esconde junto a parte de la cúpula de los secesionistas, el tono festivo de la primera parte de la película ya está volviéndose progresivamente más oscuro, aunque antes de que el Drama con mayúsculas se apodere de la función podremos ver otra delirante secuencia de acción que quita el hipo, con Obi-Wan enfrentado a las cuatro espadas láser de Grievous y una persecución de lo más peculiar... hay que destacar el papel de Ewan McGregor, quién, lejos del estatismo del Episodio I, parece un niño con zapatos nuevos, comodísimo en su cada vez más maduro general Kenobi. Su energía se contagia también, como en esa despedida que nuestros dos héroes intercambian en Coruscant, poco antes de que Obi-Wan parta en pos de los separatistas. Un momento para estrechar lazos con Anakin, dejando patente el cariño y profundo respeto que se profesan el uno al otro... y que será la última vez que se vean antes del fatídico duelo.

Uno de los momentos cumbre de la película es, sin duda, la transformación de Anakin en Darth Vader, comenzando con ese intercambio de planos entre Padme y él, a kilómetros de distancia, mientras el tema “Anakin’s dark seeds” del maestro John Williams suena de fondo... la tragedia se masca en el ambiente, y los dos lo saben... un momento dramático sin igual en toda la saga. Luego vendría la llegada de Mace Windu al despacho de Palpatine y la definitiva e irrevocable decisión de Anakin... el miedo, finalmente, es el que le lleva al lado oscuro.

Para entonces ya nos hemos adentrado en una auténtica tragedia de proporciones galácticas. La celebérrima “orden 66" que deja, en pocos momentos, a la República huérfana de caballeros Jedi que la defiendan en una de las secuencias más memorables de la saga. La emoción a flor de piel a medida que Anakin, escoltado por varios escuadrones de clones, se acerca al templo Jedi para rematar la faena... “Todos y cada uno de los caballeros Jedi son ahora un enemigo de la República...” Pelos como escarpias, no lo neguéis. Y ese momento devastador, en el que uno de los jovencitos aprendices de Yoda se acerca a Anakin en busca de protección y retrocede un pasito al notar su espada láser encenderse. ¿Queríais una película oscura? Tres tazas.

Genial también la aparición de ese Bail Organa, exigiendo explicaciones a los clones, antes de salir por patas, consciente de que sus peores temores se han hecho realidad. El ejército está tomando el control de la República... yaiks.

Jimmy Smitts, un gran paso desde "La ley de Los Angeles" a ser papá de la princesa Leia.

Éste último acto de la película, en el que Yoda y Obi-Wan regresan al templo Jedi tratando de evitar la masacre que ya se ha producido, al mismo tiempo que el canciller se autoproclama Emperador traspasa los niveles de emoción y congoja que cualquier otro episodio de Star Wars haya conseguido antes (“así acaba la democracia en la galaxia, con un estruendoso aplauso”, Padme, at her best...). La historia, claro, es mucho más épica. Estamos hablando del fin de la libertad y la democracia y la imposición de una dictadura que sembrará el terror por todos lados. Una historia política que muchos críticos sesudos trataron de reflejar en la actual política estadounidense, motivo por el cual, supongo, la peli cayó tan bien entre la prensa especializada (seguro que los sables láser no tuvieron nada que ver).

Finalmente llegamos a Mustafar, el planeta volcánico del que llevamos veinticino años oyendo hablar, y en el que tuvo lugar el gran duelo entre Obi-Wan y un Anakin consumido totalmente por Darth Vader que ya no tiene reparo alguno en pasar por encima de Padme e, incluso R2... (mítico su pequeño momento con 3PO en el que parece decirle “este tío me está dando muy mal rollo”, a lo que 3PO contesta “está bajo mucho estrés...”). Un Anakin ciego por el lado oscuro, embebido de poder y con el odio como su gran aliado amenazando incluso la vida de su amada, una destrozada Padme que ve con sus propios ojos como el chavalín de Tatooine ha quedado completamente erradicado de la mente de su esposo... “No puedo enfrentarme a él” le dice Obi-Wan a Yoda, casi implorándole. “Envíeme a detener al Emperador” (curioso que ya lo llame Emperador cuando éste aún no se autoproclanado idem, o como mucho lo está haciendo en ese mismo momento...) “pero no me pida que mate a Anakin”... “Para enfrentarte a Lord Sidious suficientemente poderoso no eres”, le contesta Yoda, claro, alla va el Maestro Jedi, en una batalla climática paralela al momento más deseado por todos aquellos que una vez fuimos jóvenes viendo “El imperio contraataca”. Decir sólo que si la épica de las imágenes es absoluta, la música no se queda atrás, mezclando sabiamente el poderoso “Duel of the fates” de “La amenaza fantasma” con el tema clásico de la Fuerza y el nuevo e imponente “Battle of the heroes” que aporta un terrible matiz de tristeza a toda la escena. Por cierto, que es aquí donde está mi frase favorita, quién sabe si de la saga entera... “Si tan poderoso eres... por qué huir”, le dice Yoda al Emperador. Auch.

El final del duelo entre Obi-Wan y Vader (aparte de una pequeña incongruencia que mencionaré más adelante), nos regala otro momentazo de Ewan McGregor (“you were the chosen one!”) en el que Hayden no se queda atrás... por fin somos testigos de la desfiguración física de Anakin, de la que no se nos escamotea ningún detalle. Un momento largamente esperado que no deja indiferente... pero que es sólo el paso previo al nacimiento del auténtico Darth Vader, el que conocimos hace casi treinta años, el hombre de la máscara de hierro, cuyo nacimiento es paralelo al de su propia descendencia: Luke y Leia, nombres para la eternidad.

A riesgo de me llaméis moñas, la tristeza del final de “La venganza de los Sith” consigue que se me salte alguna lagrimilla cuando Padme se deja morir tras el alumbramiento, presa de la más profunda melancolía..., cuando Leia es entregada en Alderaan, o cuando el funeral de Padme en Naboo nos enseña el colgante que Anakin le regaló siendo un crío... y el rostro cariacontecido del pobre Jar Jar, prácticamente en su único plano de la película. Y, por supuesto, también cuando un aparentemente impasible e inexpresivo Vader contempla desde el puente de mando del destructor estelar los comienzos de la futura Estrella de la Muerte, en un plano aparentemente inocuo, pero que deja entrever la profunda tragedia con la que cargará el personaje durante el resto de su vida (más sobre ello en “El imperio contraataca”).

El nivel de chunguez de semejante final es digno de elogio, aunque por otro lado... no había otra manera de terimanarla. El Episodio III acaba siendo la película más oscura de toda la saga, al mismo tiempo que la más espectacular y emocionalmente intensa, y la que más pelotas pone sobre la mesa. Ejemplarmente dirigida por Lucas, a la película sólo le puedo achacar un par de defectillos.

El primero sería el tema de la desfiguración del canciller. Cuando Palpatine aparece en “El retorno del Jedi” uno asume que es un tío jodidamente viejo horriblemente conservado por culpa del lado oscuro, sin embargo, el Episodio III nos enseña, de forma poco acertada, a mi parecer, que Palpatine fue desfigurado por culpa de su lucha contra Mace Windu, y que luego utilizó la baza de sus “cicatrices” (tela) como prueba del golpe de estado que los Jedis habían intentado realizar. Yo creo que no hacía falta desfigurarle, que su putrefacción física se daba por asumida en los veintitantos años que pasan entre el Epsiodio III y el VI, más cuando el maquillaje del Episodio VI es bastante mejor (más sutil) que el del III (lo podemos achacar a años de cirugía plástica... o algo). Además, ese momento “podeeeer absolutoooo” que en español nos hace saltar los empastes (en su idioma original no es tan horrible), tampoco parece que fuera el mejor momento del guión.

Otro aspecto, insignificante, realmente, es la bajada de pantalones que supone erradicar a Jar Jar por completo de la trama... aunque siendo sinceros, sólo le echas de menos cuando aparece al final de la película y te das cuenta de que es la primera vez que sale (en realidad aparece al principio de la película, cuando Anakin y Obi-Wan llegan a Coruscant y son recibidos por varios senadores). Hubiera estado bien buscarle algún huquecillo en la trama, semejante a sus estelares momentos en “El ataque de los clones”.

Otro problema que, en realidad, es un problema del Episodio I. Sí, porque en el momento final del duelo entre Obi-Wan y Anakin, aquel le dice a éste “Se acabó, estoy en una posición elevada”... lo que, irremisiblemente provoca un efecto flash-back en mi, en el que retrocedo hasta el climax de “La amenaza fantasma” en el que Darth Maul se encuentra en lo que podríamos llamar “una posición elevada” respecto a Obi-Wan, ya que éste se encuentra colgando a sus pies en una extraña tubería de varios cientos de metros de profundidad. El porqué Darth Maul no hace lonchitas a Obi-Wan cuando éste salta por encima de él (como sí hace Obi-Wan con Anakin en idéntica situación) sólo cabe explicarlo por la torpeza del montaje de esa escena en el Episodio I: todo el sentido de la escena (resaltado por la mirada de extrañeza que pone Darth Maul) se debe a que la maniobra de Obi-Wan es absolutamente impensable por su velocidad... y aún así, consigue realizarla, pues tal es su dominio de la Fuerza como resultado de los sentimientos ante la muerte de Qui-Gon, cosa que no queda reflejada en absoluto en esa escena... por contra, Anakin, que es visiblemente más poderoso que Obi-Wan no tiene control sobre sus emociones, por lo que cae derrotado en idéntica situación. Una oportunidad perdida de establecer un paralelismo que redondeara el arco como personaje de Obi-Wan Kenobi.

Y el último problema, en realidad no lo es tal. En las escenas eliminadas del dvd se pueden ver tres escenas que tratan sobre la creación de la Alianza Rebelde y cómo Padme toma un papel activo en ella. En esas escenas podemos ver como Bail Organa (futuro papá de Leia) y Mon Mothma (vista posteriormente en “El retorno del Jedi” como la líder de los rebeldes) convencen a Padme de la necesidad de crear una alternativa capaz de hacer frente al abuso de poder del canciller.

El caso es que esta subtrama redondearía de forma magistral el guión del Episodio III, pero es cierto que vistas a posteriori, las escenas probablemente ralentizarían el impecable tempo que la película conserva durante todo su metraje.

Mon Mothma, en "La Venganza de los Sith" y en "El retorno del Jedi".

Una puñetera lástima, especialmente porque sin ellas, el papel de Padme se ve visiblemente reducido a prácticamente esperar en su casa a que venga Anakin mientras prosigue su embarazo (si bien es un contrapunto imprescindible para el personaje), y también porque esa preciosa actriz que interpreta a la joven Mon Mothma (alucinante el casting por su parecido con la actriz de “El retorno del Jedi”) hubiera merecido esos minutillos. También salía en esas escenas Bai Ling, actriz de indiscutible morbo a la que hemos podido ver en “Sky Captain”, “Southland tales” o “El cuervo”, que por aquella época posó para Playboy y algunos maliciosos apuntaron que ese fue el motivo por el que se erradicó su escena.

La senadora Bana Breemu, caldeando el ambiente.

Ey, fijaos que pocas cosas negativas me han salido del Episodio III. Y es que, como decía anteriormente, hay que medir los sentimientos con los que sales del cine. En muchas ocasiones un análisis más reposado de la película, o un segundo visionado pueden hacer cambiar los gustos y las opiniones del más seguro de sí mismo. Es por ello que siempre evito los comentarios grandilocuentes nada más ver una película en el cine (bueno, casi siempre). Normalmente, una peli que te ha gustado mucho te parece LA HOSTIA, y una que no te ha gustado nada te parece EL HORROR. Me gustaría saber cuantos de aquellos que pensaban que “El retorno del rey” era su película favorita a la salida del cine, opinan igual cinco años después de su estreno. De la misma forma que aquellos que decían entonces que “La venganza de los Sith” era la mejor de Star Wars, probablemente ni se compraron el dvd. Yo no lo dije entonces, pero creo que ahora puedo decirlo: “La venganza de los Sith” es grande. Muy grande.

También me gustaría hacer un último comentario dedicado a los más jóvenes, aquellos chavalillos que resistieron a la horda de películas, series de televisión, videojuegos y consolas de última generación y no vieron su atención descuidada de las películas que les atraparon en el cine... me estoy refiriendo a aquellos (algunos habrá) que experimentaron con el Episodio I o II las mismas sensaciones que nosotros con “La guerra...” o “El imperio...” y que acudieron al estreno de “La venganza de los Sith” esperando ver a su héroe, Anakin acabar con los villanos villanosos... ¿Os imaginaís lo que hubiera sido para nuestra generación que al final de “El retorno del Jedi” Luke Skywalker se pasara al lado oscuro y matara a sus colegas? ¿No creéis que eso fue exactamente lo que ocurrió cuando los chavales salieron de ver “La venganza de los Sith”? ¿No os da miedo pensar que George Lucas ha creado una generación de psicopatas en potencia? Mi hermana me contó que el hijo de un compañero de trabajo, a la salida del cine le dijo a su padre algo como esto:

- Papá... entonces... ¿a mi me toca ser malo?
- ¿Cómo?
- Claro, si Anakin se hace malo, yo también tengo que ser malo...

(Primeros acordes de la “Marcha imperial” ON).

Escalofriante, ¿no?

Para el próximo post, por fin, la trilogía clásica. Se acabaron las suspicacias y el hacer de abogado del diablo. Retrocederemos veintiocho años desde el estreno del Episodio III en el 2005 al del Episodio IV en 1977. A un punto en el que la Historia del cine cambiaría para siempre y dejaría a un par de generaciones de jovenzuelos con la lengua afuera y los ojos como platos. Una época de asombro y descubrimiento. El principio de todas las cosas para muchos de nosotros...

Joder qué viejo soy.

Obi-Wan y compañía en el Episodio IV...