La cosa empezó jodida. Para variar, volví a perderme con el coche. Lo chungo es que siempre me pierdo cuando estoy a dos pasos de la entrada, con lo cual acabo apareciendo donde se supone que debo estar, sólo que no sé cómo lo he hecho. Además me comí todos los atascos posibles de camino hacia allí (viernes a las tres y pico de la tarde, país de vagos...) y para colmo, la actuación de Nothink la cambiaron a traición y de las 16:40, los pasaron a las 16:00. Conclusión, después de aparcar por fin el coche y caminar durante veinte minutos por polígonos industriales abandonados y ridículos descampados junto a carreteras bajo una lluvia nada agradable, llegué al interior del recinto a las 16:40, a tiempo para ver a Mos empezar su actuación en el segundo escenario.

¿He dicho que llovía? Sí, pero como a la salida de mi casa no hacía nada de frío, yo, que odio llevar bultos en los conciertos, me dije “en manga corta, si luego botando y sudando ni me entero”.

Corta a: Plano de Mario, caminando bajo la lluvia, encogido del frío.

Pero nada de todo esto importa cuando llego finalmente a mi destino. El recinto, gigantesco, parece bien distribuido y organizado, y como Mos no consigue atraer mi atención, me dispongo a coger sitio para unos tipos que veinticuatro horas antes ni siquiera sabía que existían, pero que ahora veinticuatro horas después, voy a seguir de cerca.

El cantante hippioso de Biffy Clyro.

Y es que el día antes, me puse a hacer una batida por internet, buscando cosas de los grupos que iban a tocar y que no conocía y una de las más agradables sorpresas fue el trío escocés Biffy Clyro, que tienen una pinta de hippies recién salidos de Woodstock que te cagas, pero que hacen un rock bien chulo y muy divertido, con algún ramalazo de Weezer y algún otro de Kaiser Chiefs, pero manteniendo un estilo original dentro de lo que cabe. A pesar de tocar muy temprano y de que la gente andaba aún un poco fría, el concierto estuvo bien chulo y nos sirvió para entrar en calor... En el escenario principal el siguiente era mi esperadísimo Serj Tankian, por lo que pasé olímpicamente de los suecos Millencolin (sin gran sufrimiento por mi parte) para coger un buen sitio. A pesar de estar esperando media hora larga, sólo pude conformarme con una séptima fila (más o menos), lo que debería haberme dado una pista de por donde iban a ir los tiros.

Serj fue el primero en atestar el escenario uno, y lo hizo con un chorro de voz que alucina tanto o más que en sus discos. Un poco payasete y desconcertando al personal con una canción-poema-rayada que no está en su disco y que desde luego estaba muy lejos del explosivo comienzo que nos imaginábamos. Con todo, la gente estaba como loca, tanto que por primera vez en años, me vi, como en aquella canción de Anthrax “caught in a mosh”, esto es, saltando, empujando y rebotando contra otros tantos flipaos. Y naturalmente, la tragedia tenía que llegar: en uno de esos revoltijos de pasión exacerbada mi tobillo izquierdo hizo “crak”. Y os aseguro que cuando a un tobillo le pasa eso, el dolor es considerable. Afortunadamente fue en la última canción, por lo que lo siguiente que recuerdo es irme cojeando al escenario 2 donde los hermanos Cavalera iban a empezar su actuación.

Así andaba el Electric cuando acabó Serj... a las ocho de la tarde.

Cavalera Conspiracy había llenado casi hasta la bandera la carpa donde estaba situada dicho escenario 2, pero yo, que estaba bastante cansado y dolorido (tan pronto!) me conformé con una esquinita en las primeras filas. Al empezar el concierto no podía creerlo: el sonido era una PUTA MIERDA. Estoy hablando de que no se oían las guitarras (las guitarras!!) menudo rebote me pillé... me costaba reconocer las canciones, el sonido era un amasijo de batería y ruido y ni siquiera estaba en una buena situación para verlo. A medida que el concierto se desarrollaba el sonido mejoró, o mi oído se acostumbró, porque ya empecé a reconocer canciones, e incluso pude flipar un poquillo cuando tocaron “Territory” de Sepultura. En fín, no se puede decir que disfrutara mucho de este concierto.

Iggy la lió, que para eso está.

De nuevo peregrinaje al escenario 1, donde Iggy Pop, casi sin darme tiempo a buscar sitio, salió completamente psicótico y empezó a montar su show particular. Un concierto muy divertido pero en el que mi tobillo y el frío que empezaba a hacer (anocheciendo ya y con una triste camiseta por todo abrigo) me impidieron disfrutar al cien por cien. Cuando Iggy Pop se fue a descansar (sesenta años nos contemplaban desde esos ojos de maníaco que cantaban “I wanna be your dog”), quedaba una hora para que Offspring, el siguiente grupo, saliera al escenario. El frío empezaba a ser ya algo jodido de verdad, y el tobillo tampoco ayudaba. Me quedaban por delante Offspring, que me la pelaban, Rage against the machine y Queens of the stone age, y yo empezaba a considerar seriamente la idea de irme a mi casa... horrible, lo sé, pero lo estaba pasando realmente mal, y lo peor: no tenía a quién llorarle. Y entonces apareció el gran Nacho Soler, en plan salvador, que no sólo me escuchó llorar, sino que también me ofreció su sudadera, que acepté sin demasiados remilgos.

Offspring, empezó y, sorprendentemente, las cincuenta mil personas que debían andar por alli, se sabían todas las canciones y las cantaban eufóricos, y estoy bastante seguro de que ni el 10% de ellos han escuchado un disco suyo en los últimos diez años, lo que demuestra que los clásicos de nuestra adolescencia no se olvidan... Offspring, que hicieron varios parones de más de diez minutos a lo largo del concierto sin que mediara explicación para ello, son ahora una panda de barrigones que roza los cuarenta, pero con todo, el concierto tuvo sus momentos.

Así andaba el patio a las once, cuando tocaban Offspring.

Así pues, con algo de compañía, el calor de una sudadera, y el dolor de mi tobillo bajo control, la espera de Rage against the machine no parecía que fuera a ser tan problemática. Error. Estos rojos cabrones nos tuvieron más de media hora esperando. De pie. Apelotonados unos con otros. No cabía un puto alfiler. No podías moverte ni para rascarte la barbilla. Así, casi una hora (los veinte minutos pertinentes y más de media hora de propina porque sí). Cuando salieron al escenario entre gritos de “hijos de puta” llevaban trajes de prisioneros y las cabezas tapadas con una capucha, de esa guisa (sin descapucharse) empezaron con “Bombtrack” para acto seguido desplegar su propaganda comunista con la estrella roja, la imagen del Ché y no sé que himno (era ruso, eso fijo). Con todo esto ya me estaban tocando los cojones, y deseando largarme de allí para ponerlos a parir... sin embargo, la hora y media siguiente fue, seguramente, uno de los mejores conciertos que he visto y que veré en mi vida. Musicalmente, Rage son una puta-máquina, daba la impresión a veces de que estabas dentro del CD, dando vueltas mientras Tom Morello exprimía su guitarra sacándole todos y cada uno de esos extraños sonidos que pueblan sus canciones. La voz de Zack de la Rocha era increíble, potente y portentosa y no decayó un solo momento, y la energía que se desprendió allí fue mágica. Pocas veces he botado (y rebotado) tanto, hasta el punto de que en varias ocasiones pensaba que me iba al suelo, y en otras empezaba a sufrir de ataques de claustrofobia... sin embargo, con cada canción el grupo se superaba y te veías obligado a botar de nuevo, ésta vez más fuerte y con más ganas, a pesar de que notabas que tu cuello se desmontaba y tus piernas ya no podían seguir saltando. Los bises finales, con “Freedom” y, sobre todo “Killing in the name” nos dejaron a todos completamente noqueados. Pocas veces he visto a un público tan unánimemente complacido. Al acabar un tío que estaba a mi lado me mira y me dice “Acojonante” a lo que yo respondo: “Ya-ves”. Y así, os lo juro, la gente se miraban unos a otros como felicitándose por haber sido testigos de semejante concierto, dándonos palmadas y sonriendo por haber sido testigos de algo histórico que seguramente recordaremos durante años y años...

De esta guisa se presentaron los Rage.

... Hasta tal punto que los pobres Queens of the stone age tuvieron que empezar con parte de su público aún en shock por la actuación de Rage against the machine. De hecho, a pesar de que me costó casi diez minutos llegar de un escenario a otro (había MUCHA gente), cuando finalmente alcancé mi destino no me fue difícil plantarme a una cómoda distancia del escenario. Allí, mortalmente cansado, di mis ultimas boqueadas mientras el amasijo de sonido que difícilmente podía ser interpretado como música salía de los altavoces... está claro que hay un problema muy gordo en ese escenario 2, porque los dos grupos que he visto allí sonaban horriblemente (al cantante de Queens apenas se le oía, y sus guitarreos eran indescifrables). Me avergüenza admitirlo, pero no fui capaz de acabar el concierto y, tras una pateada de veinte minutos, y otros veinte para salir del atasco del concierto llegue a mi casa, y ya con el cuerpo frío, todos los moratones y calambres salieron a relucir... por no hablar del tobillo, que juraría que palpitaba y todo...

Y mañana Metallica. Auch.

Metallica en el autobús de camino a Getafe.

PD: Obviamente las fotos no son mías, son las oficiales que hay (de momento, supongo que habrá más). Ahora, con vuestro permiso, me voy a dormir.