Ya lo advertí en su día. Me gusta el futbol. Sí.

No flipo con la liga, pero los mundiales y las eurocopas me atrapan irremisiblemente cada dos años. Y sí, ya sabéis lo que pasa siempre. Que hacemos el ridículo, o tenemos la misma mala suerte de los pupas.

El primer partido de futbol que vi en mi vida, y el que, supongo, me metió el gusanillo en el cuerpo fue el España-Bélgica de Mexico 86 jugado un 22 de junio. Ya sabéis, lo de siempre. Nos echaron en los penaltys.

El 22 de junio de 1996, después de un año entero completamente olvidado del futbol, la España de Clemente volvió a ilusionarme hasta un partido de cuartos de final ante la anfitriona Inglaterra en el europeo de aquel año. Empate a cero y nos fuimos en los penaltys.

En la eurocopa del 2000 fui testigo del que pensé que era el momento determinante en la historia de la selección española cuando fuimos capaz de remontarle a Yugoslavia un 3-2 en los minutos de descuento para acabar 4-3 y, de esa forma, clasificarnos para los cuartos de final. Era, claro, un espejismo. Fuimos totalmente incapaces de superar a Francia en los cuartos de final. Raúl falló un penalty que hubiera supuesto la prórroga. Pero daba igual, ese partido nunca lo hubiéramos ganado.

El 22 de junio del 2002, la mejor España de los últimos veinte años era atracada a mano armada en Japón (o Corea) y, al mismo tiempo, era incapaz de hacerle un maldito gol al equipillo surcoreano. Nos fuimos en los penaltys en la vez que más cerca he visto las semifinales de una gran competición internacional. El asco y la rabia me pudieron.

Cuando empezó la eurocopa este año, estaba completamente desconectado de la selección española. Apenas conocía a un puñado de los jugadores. Casi ni vi el primer partido contra Rusia. Ya estaba cansado de empezar todos los mundiales y eurocopas igual... "este año sí, este año sí". Pues mira, ya no.

Y ahora resulta que este año sí. España está en las semifinales y de repente se han acabado veintidos años de mal fario, de cochina envidia, de "y si", de actitud de perdedor, de decir "lo de siempre", de irnos con la cabeza agachada... se acabó. Por fin, de una puta vez, España ha metido el culo en unas semifinales. Y encima, ha ocurrido hoy (ayer) 22 de junio. Exactamente veintidos años después. Joder. Que gusto.

Si os digo la verdad, casi me da igual que ganemos a Rusia. Aún no me creo que estemos entre los cuatro mejores del torneo. La posibilidad de que nos metamos en la final me parece tan extraña que no me creo que pueda ser real. No estoy acostumbrado. Hemos llegado aqui, y eso es acojonante, porque la próxima vez que España juegue unos cuartos de final ya no pensaremos en ninguna extraña barrera psicológica o maldición absurda. Sabremos que ya hemos estado ahí, y por fin los jugadores se lo creerán lo suficiente para quitarse esa mierda de encima que les hace cagarla en el último momento. Hoy es un día grande.

Qué jodidamente raro es ser feliz por algo tan tonto. España sonríe, coño. Ya era hora.

Me gusta el furbol...