Durante los Juegos Olímpicos de Atenas en el 2004, el tirador estadounidense Matthew Emmons, ganador de los mundiales de tiro con rifle en los años 2002 y 2004 estaba a un solo tiro de conseguir la medalla de oro en dicha especialidad cuando, en el último y rutinario disparo inexplicablemente impactó en la diana de otro tirador, puntuando 0 puntos y bajando del primer al octavo puesto con un error que se podría calificar de "ridículo".

Mientras Matthew estaba en los vestuarios lamentándose, la tiradora de la República Checa Katerina Kurkova, quiso consolarle. Se acercó a él y le dijo "a pesar de todo creo que eres el mejor tirador del mundo". Katerina y Matthew se casaron en el 2007.

Hace unos días, durante los Juegos Olímpicos de Pekín, Matthew, marchando en primera posición y a punto de espantar los fantasmas del pasado, necesitaba una mediocre puntuación de 6'6 para conseguir la medalla de oro... incomprensiblemente, mientras apuntaba, se le disparó el gatillo. Puntuó 4'4 y pasó de la primera a la cuarta posición. Su mujer, que había ganado la medalla de oro unos días antes, observaba atónita entre el público.

Mientras los comentaristas de televisión española me contaban ésta historia entre risas burlonas y exclamaciones como "hacer el rídiculo", "humillante", "inconcebible"... las imágenes de Katerina consolando a su esposo, a quien conoció gracias a su "humillante" error cuatro años atrás, me hacían pensar que hay cosas mucho peores que te pueden pasar en la vida, incluyendo ganar una medalla de oro y no llegar a conocer jamás al amor de tu vida. Poniéndolo en perspectiva, no todo es tan malo.