Su verdadero nombre no tenía importancia. Hacía mucho tiempo que había renunciado a él. Ahora era un simple servidor de la ciudadanía buscando el orden público, defendiendo la ley y protegiendo a los inocentes. Según su previsible origen (sacado de wikipedia, por supuesto), un accidente en un remoto laboratorio convirtió a Julio Ortega, un simple estudiante de química orgánica en el invencible Hombre Pegajoso. A él no le gustaba presumir de nombre, ni de poderes, pero cuando pensaba que tenía una página en wikipedia se le ensanchaba la sonrisa... Nucleótido, PowerDan y La Chica Estupenda no tenían página... bueno, alguien intentó hacer un Myspace de Estupenda, pero colgó fotomontajes de su cabeza con el cuerpo desnudo de Brigitte Nielsen y cerraron el sitio. Pegajoso sospechaba que había sido la propia Estupenda la que estaba tras ese patético intento de darse publicidad.

Sus poderes eran bastante simples. Podía adherirse a cualquier superficie en cualquier lugar, a lo que se añadía una fuerza diez veces mayor que la de una persona normal. La superfuerza, sin llegar a los extremos de Granito (el hombre-monstruo más fuerte del planeta... fruto de un mal uso de la energía atómica), le era francamente útil cuando tenía que adherirse a las alas de un avión en fuga con el último supervillano dentro. Tratad de moveros por el fuselaje de un avión en marcha, os aseguro que por mucho poder adherente que tengáis no será suficiente.

Para Pegajoso, sólo había una cosa comparable a combatir el crimen por las noches. Bueno, en realidad era algo incluso mucho mejor que combatir el crimen por las noches. Se trataba, naturalmente, de su novia Amparo, la chica más dulce, inteligente y coqueta de la ciudad, con la que llevaba saliendo unos meses y a la que, milagrosamente, aún no había tenido que dejar colgada en ninguna cita para largarse a zurrar al villano de turno. Salvo aquella vez que se enfrentó al Hombre Tentáculo en el planetario... o la vez del Doctor Abismo en la estación de tren. Sí, bueno, el caso es que, fuera como fuera, Amparo aún no había emitido queja alguna sobre sus extrañas desapariciones. Parecía entender que la vida de un doctor en química orgánica es de lo más impredecible...

Lo que Pegajoso desconocía por completo, era que Amparo también llevaba una doble vida. Sí, era la marchosa, estupenda, bellísima y super cultivada chica de colegio privado que Pegajoso pensaba que era, pero aparte, era la Fantástica Mujer Pulga... anteriormente conocida como la Fantástica Chica Pulga, nombre que rápidamente alteró cuando se graduó en el instituto (con las mejores notas, por supuesto). La Mujer Pulga... Amparo, obtuvo sus poderes heredados de su padre, el célebre filántropo ultra-mega millonario Roque Tapias, que en su juventud, siendo un temerario jovenzuelo malcriado por los millones de su familia, se dedicaba a viajar por el mundo en busca de emociones salvajes hasta que un inesperado día cayó presa de una tribu africana que veneraba a la pulga como animal (insecto) totémico. Los detalles de aquellos días nunca han estado claros para Amparo, si bien cuando, a la edad de quince años, descubrió la inmensa cueva llena de superartilugios que había bajo su mansión en las afueras de la ciudad, su padre no pudo ocultarle la verdad por más tiempo. "Pronto desarrollarás una fuerza sobrehumana, entre otros superpoderes". "¿Qué otros superpoderes?" "No hagas preguntas cuyas respuestas no quieres conocer". Amparo comenzó entonces a seguir el legado del Fantástico Hombre Pulga, de quien fue compañera hasta que éste decidió retirarse hace pocos años.

Para Julio, encontrar a Amparo había sido un maravilloso golpe del destino. Ella era todo lo que siempre había querido en una compañera... divertida, ingeniosa, ocurrente, impredecible, dulce... salvaje en ocasiones. Para Amparo, Julio era... adecuado. Tenía buena presencia, sabía reírse cuando había que reírse y callarse cuando había que callar, era educado y galante y, hasta cierto absurdo punto, le hacía sentirse protegida. No es que la Mujer Pulga, capaz de arrancar la puerta de un coche sin esfuerzo, necesitara grandes dosis de protección, pero, al fin y al cabo, seguía siendo una chica de veinte años a la que le gustaba un poco de romanticismo de vez en cuando.

Eran, pues, una pareja más que perfecta. A la vista del público al menos. En realidad, eran dos personas con dos grandes secretos que eran incapaces de revelarse el uno al otro. Ésta situación cambió radicalmente el día de la invasión de gamusinos del espacio exterior. Aquel día, toda la comunidad superheroica de la ciudad tuvo que unirse para combatir a los poderosos gamusinos que, armados con pistolas pulverizantes, atomizaban la ciudad indiscriminadamente. El Capitán Beltenebros, orgullo y emblema de los poderosos Vigilantes, se alzó como líder natural y desplegó a todos los superhéroes disponibles a lo largo y ancho de la ciudad con el propósito de establecer un perímetro de defensa anti-gamusino. El destino, de nuevo, quiso que el Hombre Pegajoso y la Mujer Pulga hicieran pareja en el distrito oeste.

Al principio no notaron nada raro. El ajustado traje de la Mujer Pulga no dejaba nada a la imaginación, pero tampoco desvelaba esa inquietante mancha que tenía Amparo en la cadera izquierda y que tan fascinado tenía a Julio. La máscara de Pegajoso cubría todo su rostro (producto de su natural timidez y, un poco, de cierta psicosis... no quería ser reconocido bajo ninguna circunstancia). Sus golpes unidos sirvieron para que el distrito oeste permaneciera seguro mientras los pesos pesados del Capitán Beltenebros asaltaban la nave de los gamusinos en órbita sobre el planeta. "Supongo que no somos el tipo de héroe que vive aventuras fuera de su barrio", dijo Pegajoso mirando los fuegos que el combate sobre la atmósfera estaba generando. "Habla por tí, yo puedo ir dónde quiera". Los humos que se gastaba la Mujer Pulga hicieron torcer el gesto a Pegajoso, creyendo reconocer en ella a alguien muy familiar. "¿Nos conocemos?" "Más quisieras". La Mujer Pulga había dudado ligeramente antes de dar tan tajante respuesta. Había algo familiar en aquella figura completamente enmascarada. "No debes respirar muy bien ahí debajo". "Oh, es más cómodo de lo que parece". "Lo que sea", contestó aburrida la Mujer Pulga antes de desaparecer dando saltos de edificio en edificio. Pegajoso estuvo tentado de seguirla, pero dudaba de que pudiera alcanzar su velocidad.

Cuando Julio y Amparo quedaron en casa de ella aquella noche, los dos relataban emocionados lo asustados que estuvieron de los gamusinos espaciales, y cómo buscaron refugio, ella en una conocida tienda de ropa de diseño, él en los sótanos de los laboratorios en los que trabajaba. Ninguno de los dos podía sospechar que, hacía tan solo unas horas, luchaban espalda contra espalda contra esos mismos gamusinos que ahora aseguraban temer tanto. Después de la cena, y de compartir abrazados en el sofá una película que los hizo reír a carcajadas, fueron a la cama e hicieron ruidosamente el amor. Allí, Julio, mientras llenaba el cuerpo de Amparo de besos descubrió un terrible moratón en uno de sus glúteos. Ella, acariciando su cabeza mientras le besaba apasionadamente, descubrió una gran rozadura en su cráneo. Acabada la faena, los dos miraban al techo con expresión pensativa.

Al día siguiente, Amparo tuvo que pronunciar las palabras fatídicas "tenemos que hablar". Julio esperaba una confesión en toda regla, a la que seguiría, sin duda, la suya propia. En su lugar, Amparo, toda decisión y carácter, le dijo que tenían que dejar de verse. Julio recibió la noticia como un golpe. Peor que el golpe más doloroso que el villano Martillo Pilón le podría haber asestado nunca. Julio, Pegajoso, se veía de pronto solo e incapaz. Amparo, la Mujer Pulga, sabía que su vida estaría más vacía, pero su misión no se vería ahora comprometida. Debía de haberlo sabido desde el principio. Amparo debía ser secundaria ante la Mujer Pulga. Los poderes que había recibido estaban ahí por un motivo, y no había justificación alguna para que nada la distrajera de sus objetivos..

Las siguientes semanas fueron muy duras para Pegajoso, que veía como el gran amor de su vida desaparecía de su existencia. Pero más sorprendente resultaba que la Mujer Pulga, determinada e independiente como siempre había sido, notara un vacío que no sabía bien cómo explicar.

Julio, en sus largas noches de soledad, no llegó a relacionar la ruptura con el hecho de que su identidad secreta había estado a punto de ser descubierta por su novia. Amparo no quería ni pensar en que su ex pudiera siquiera sospechar que ella era una de las superheroínas mejor valoradas por el Cosmopolitan del mes de octubre de aquel año... "No sólo luchan contra el crimen, además lo hacen con estilo". Ni siquiera la confirmación de la noticia de que un gamusino renegado había logrado escapar de su nave nodriza y amenazaba con infiltrarse entre la población humana para sembrar el caos y la destrucción pudo distraer a Julio de su aletargado estado de semi-depresión.

A medida que los meses fueron pasando, Pegajoso desapareció de la escena pública. Sus fans se reunían de vez en cuando elucubrando sobre los posibles destinos que podría haber tomado su héroe favorito. Otros discernían que probablemente habría sido secuestrado, quién sabe si en alguna dimensión desconocida o incluso en algún reino infernal. La Mujer Pulga, por contra, estaba más activa que nunca, el mundo del crimen andaba realmente asustado de que una mujer con la fuerza y agilidad proporcionales de una pulga desbaratara insistentemente todos y cada uno de sus grandes planes de pillaje y extorsión.

Julio se quedaba en casa, exprimiendo sus últimos meses de paro (había sido despedido del laboratorio por su creciente indolencia), viendo reposiciones de sus series favoritas y bebiendo Coca-cola light sin cafeína. A veces se torturaba viendo las noticias que hacían referencia a la Mujer Pulga, o a la excéntrica vida de Amparo Tapias, la hija del multimillonario. Julio solía pensar en aquella horrible etapa, que Amparo era una chica muy por encima de sus posibilidades. Él no era millonario, ni terriblemente atractivo, ni tenía ninguna ocupación tan fascinante como aquellas que solían tener sus famosos pretendientes. Sin embargo, en un momento de lucidez, se dio cuenta de que tenía algo que ninguno de ellos poseía... él era Pegajoso, y lo que es más... conocía el secreto de Amparo Tapias, por más que ella deseara que no fuese así. De modo que, una vez tomada su decisión, se puso manos a la obra en su pequeño laboratorio casero...

(continuará...)