Estaba en mi colegio, sólo que no era mi colegio. Deambulaba por los pasillos desiertos mientras se oían las clases en el interior de las aulas. No tenía ni la más ligera idea de dónde me correspondía estar, sólo sabía que estaba deambulando por los pasillos y que eso no era bueno, porque si aparecía un profesor me pillaría y se enfadaría mucho conmigo.

En realidad no estaba en el colegio. O sea, físicamente sí era mi colegio (o al menos muy parecido), pero en realidad era una universidad. Ni idea de lo que se impartía en ella, pero tan seguro como que estaba soñando, que era una universidad. Con el tiempo los pasillos se llenaron de gente y me confundí entre ellos. Un pequeño respiro. Me encontré a mis amigos y nos fuimos a nuestras habitaciones porque ahora resultaba que esa universidad, que era como mi antiguo colegio, era en realidad un internado.

Y había un exámen. Un gigantesco examen en el que las dos personas con la mejor puntuación obtendrían como premio un viaje al espacio en un transbordador de la NASA. De la NASA nada menos, con lo que me acojonan los viajes al espacio. El exámen se hacía en el aula de mi colegio donde hicimos los simulacros de selectividad (¿dónde si no?) y ya por la noche, con el pijama puesto y la universidad-internado convertida en un colegio mayor en el que jamás había estado, alguien vino a decirme que sí, que me había tocado el viaje espacial, y que la otra persona a la que le había tocado era esa chica de la que estuve enamorado en octavo de egb.

Y de pronto ella y yo paseábamos en pijama por la universidad, charlando sobre la increíble oportunidad que se nos presentaba. Y yo flipaba porque ella estaba interesadísima en mí. Notaba los lazos de una relación nacer y estrecharse en cuestión de minutos, por no hablar de que me iba a la luna con ella, nada menos. Así que me fui a la cama con una sonrisa mientras mis viejos amigos me felicitaban.

Y entonces llegaba el típico capullo con pinta de marine del ejército de los EEUU y me decia que no tenía ningún título universitario y que sin licenciatura no se podía viajar al espacio, que era obligatorio. Y yo lloraba y pataleaba, no tanto por perder el viaje espacial, que en el fondo me acojonaba mucho, sino porque iba a perder ese increíble lazo que había forjado con mi amor platónico del pasado. Absolutamente desengañado y hundido, me recosté en una pared a maldecir mi existencia cuando apareció Olga Kurylenko y se sentó a mi lado. Al parecer venía por una especie de fiesta de graduación que iba a tener lugar. Y yo en pijama.

No hace falta decir que Olga estaba tremendamente interesada en mí, ya con el traje de gala puesto y en la sala de actas, toda llena de adornos y confetti, y con gente a rebosar bailando mientras el grupete de turno tocaba una canción lenta desde el escenario (¿el baile del encantamiento bajo el mar?). Estaba algo contrariado, sobre todo cuando mi amor platónico volvió, poniéndome ojillos, y dándome a entender que no se había olvidado de mí, que el hecho de que no fuera a viajar al espacio con ella porque habían descubierto (maldición!) que no tenía ningún título universitario aún cuando mi examen había sido mejor que cualquiera de los cientos de estudiantes de aquel grotesco colegio/universidad/internado/base de la NASA, no impedía que quisiera saber más cosas de mí, conocernos bien e, incluso, tentando a la suerte, bailar el "Don't cry" de Guns N' Roses bien apretaditos.

Y Olga Kurylenko me miraba desde la barra con un asomo de decepción en los ojos. Yo quería realmente seguir con mi antiguo amor, pero es que Olga era una famosa estrella y chica Bond, ¿y cuántas veces va a interesarse por alguien como yo una chica Bond? No le dije eso, evidentemente. Digamos que educadamante saboteé lo que había surgido la noche anterior entre nosotros (¿o era esa misma noche?) para poder liarme con la co-protagonista de "Hitman". Sólo que cuando volví con ella, en lugar de preguntarle por la talla de calzoncillos de Daniel Craig, no podía evitar pensar que la había cagado, que de todas formas, Olga haría un par de pelis malas más y caería en el olvido, como el 99% de las anteriores chicas Bond, mientras que mi amor por la chica que me cautivó en octavo de egb nunca se perdería...

En el CEU, el colegio donde me gradué, un alumno de mi curso aprobó no sé qué examen para una beca en la NASA o algo así. El día antes de tener este sueño había visto "Quantom of solace" y a mi amor platónico de octavo de egb lo encontré en el facebook unos meses atrás. Y sí, "Don't cry" está ahí por algo. Aparte de todo eso, no sé nada más.

El baile del encantamiento bajo el mar.