Por alguna razón, cuando oía hablar del grupo Mando Diao, me imaginaba a unos brasileños tocando samba, o peor, unos sosías de Manu Chao tocando los bongos. No fue hasta que cierta persona me dijo "¡son suecos!" que me planteé darles una oída. Y no eran samba, no. Rock n' roll del bueno, del que te hace mover la cabeza y empezar a tocar una batería imaginaria. Bien recomendado, comencé por el más accesible de sus cuatro discos, "Ode to ochrasy". Durante semanas estuve quemándolo en mi ipod. Sin un sólo tema desechable de sus dieciocho canciones, es de esos discos en los que cuando suena una canción piensas "diosss, ésta es la canción del disco!" y entonces suena la siguiente y piensas "diosss, ÉSTA es la canción del disco!" y entonces suena la siguiente... y así pasó el tiempo hasta que llegó el momento de hacerme con el resto de su discografía.

Y ahí fue cuando vino la gran revelación. Su último disco, "Never seen the light of day", al que quizá cuesta pillarle un poco más el punto pero que cuando se adueña de nuestros sentidos nos absorve en su mundo de rock con reminiscencias sesenteras y no nos deja salir. Como muestra, tres obritas maestras: "Gold", "One blood" y la increíblemente potente (por fuerza, no por sonido, se entiende) "Deep blue sea" (aunque ésta última es una cara B de un single y no se encuentra en todas las ediciones del álbum). Y para acabar, un par de temas del "Ode to achrasy" arriba mencionado.

Viva la música.