Antiguamente, o los sindicatos no debían tener tanto poder, o simplemente a nadie le importaba lo suficiente... el caso es que los centenares de técnicos y especialistas que hacían falta para completar una película quedaban en el anonimato. Los títulos de crédito sólo cubrían al jefe de cada departamento, ya que al final de la película sólo había tiempo para el apresurado "The end". Con el paso de los años, esto fue cambiando. Hubo, incluso, una nueva tendencia inagurada por (no podía ser de otra forma) "La guerra de las galaxias": poner al comienzo el título de la película y relegar la totalidad de los créditos para el final, empezando por orden inverso (esto es, primero el director, productor, guionista, etc...) No sé si fue aquí tambien cuando comenzó a figurar hasta el último mono del rodaje, pero desde luego la fecha andará cerca.

Desde aquel momento, los títulos de crédito finales de un largometraje, por barato que sea, no bajan de los tres minutos, llegando en algunos sangrantes casos, a los diez minutos. Diez minutos de película que no son película. Diez minutos que las cadenas de televisión en España, ganándose a pulso su condición de cavernícolas suelen rebanar en beneficio del siguiente programa de turno. Diez minutos en los que la gente en el cine aprovecha para desfilar con calma por los pasillos de la sala, soltando sus impresiones sobre la película que acaban de ver. Diez minutos que sirven para que el compositor pueda lucirse agusto, sin preocuparse por "tempos" o montajes. Diez minutos para que las canciones de los diversos grupos que figuran en el cd de la banda sonora puedan desfilar tranquilamente sin interrumpir el tono de la película.

Yo suelo usar esos diez minutos para madurar la película que acabo de ver, para relejar la mente y dejar que se posen mis impresiones. Eso si la película ha merecido la pena, en caso negativo sirven para rajar sobre sus defectos. No es un trance religioso, es un momento de tránsito entre el mundo en el que llevas viviendo durante dos horas y la realidad que te espera al otro lado de la dolorosa y luminosa puerta de salida.

También puedes aprovechar para ir al baño.

Me gustan los cines que dejan las luces apagadas durante los créditos, provocando que los que tienen prisa se tropiecen unos con otros y pisen montones de palomitas que, por alguna razón, tiran al suelo cuando no se las terminan. A veces, el director de la película deja una perla para el final de los créditos que el 99% de la gente deja escapar. Es mítico el momento de "El secreto de la pirámide" en el que se revela la verdadera identidad del villano de la película y que poca gente llegó a ver. No fue la primera película que dejó una sorpresa para el final de los créditos, "Aterriza como puedas" cuyos créditos son, en su mayor parte, otro chiste más, ya lo había hecho unos cuantos años antes.

Hay, incluso, casos concretos en los que el fundido final y los créditos ponen el punto culminante a la acción. La canción (o el tema) adecuados, pueden convertir los títulos de crédito en parte integrante y merecedora de la experiencia cinematográfica. Un gran ejemplo de ello es una peliculita que poca gente conoce y que tuve ocasión de ver (nada menos que tres veces, por motivos que no vienen el caso) en un cine que va camino de convertirse en un sitio memorable de mi vida adulta.

Los pocos que conozcan "Sleep with me" (o "Duerme conmigo"), será, o bien porque les he hablado de ella, o bien por un más o menos célebre speech que Quentin Tarantino improvisa como actor en una escena de la película, acerca de la homosexualidad velada de los protagonistas de "Top gun".

"Sleep with me" es una pequeña rareza. Pertenece al cine independiente norteamericano de justo antes de que éste se pusiera de moda. Está dirigida por un tal Rory Kelly al que no debieron irle muy bien las cosas después, y tiene un reparto de lo más peculiar en el que destaca el trío protagonista: Meg Tilly (a punto de caer en el olvido en el que vive ahora, tras haber tenido unos años ochenta bastante ocupados), Craig Sheffer (que lo intentó e intentó pero lo más que recordaréis de él serán sus papeles en "El río de la vida" o "Razas de noche") y Eric Stoltz, que también estuvo a punto de ser y no llegó a culminar (durante dos semanas de rodaje, fue el protagonista de "Regreso al futuro"). A Stoltz le tengo mucho cariño, creo que es un actor bastante decente que podría haber dado más de sí, y me encanta su personaje en "Pulp Fiction". Los tres están muy bien. Pero lo curioso es su reparto de secundarios, entre los que encuentras a gente como Parker Posey o Joey Lauren Adams en sus primeros papeles, o a Todd Phillips, luego director de películas como "En la habitación" o "Juegos prohibidos". No es una película perfecta, ni mucho menos, pero habla muy bien de un tema complicado: hasta que punto renuncias al amor por la amistad. Me gusta la película, pero lo que más me gusta, extrañamente, es el momento en el que llega el plano final y la canción sube y sube hasta que el inevitable fundido te deja con la intriga de saber hacia donde irá la vida de los protagonistas, mientras los créditos empiezan a desfilar.

Acabo de ver otra gran película con una inesperada versión del "Winds of change" de Scorpions como telón de fondo al fundido final. Se llama "Buscando un beso a medianoche" y es una de esas pelis que demuestran que sólo se necesita un poco de talento y de buenas ideas para tenerte enganchado durante hora y media.

En el final de mi película suenan The Killers, aunque me temo que es provisional. La cuestión es que he conseguido que me emocionen mis propios títulos de crédito, y eso creo que significa algo. En poco menos de una semana comprobaremos si hay más gente que piensa lo mismo.

Sólo espero que no se levanten y se piren antes de que la canción termine...

¡¡Organización!!