Llegamos al Pepe Botella resguardándonos de la fina lluvia de diciembre, esa que mi padre llama "calabobos" no sin cierta razón. Nos sentamos en una mesa al fondo del bar. Siempre tengo un buen recuerdo asociado al Pepe Botella desde cierto día del pasado enero. Está tenuemente iluminado y no muy ocupado. Hago un pequeño barrido fichando a los clientes sentados a nuestro alrededor. Dos chicas muy guapas que hablan en francés a nuestra izquierda, tres chicas con ganas de coloquio sobre el último rockdeluxe a la derecha, y en la esquina una chica de pelo liso con mirada dulce y sentada enfrente suyo una chica de pelo rizado sonriente.

Me siento de tal forma que las tengo en mi campo de visión. Nos traen las bebidas y me olvido de ellas. Al cabo de un rato me vuelven a llamar la atención. La chica del pelo rizado, pega un brinco de felicidad, se levanta de su silla y se pone en el sillón, sentada junto a su amiga del pelo liso. Se ríen y se abrazan como amigas muy cariñosas. Creo haber leído bien la jugada. He visto una maniobra muy clásica que yo mismo he realizado a veces: el gesto casual que esconde otra cosa, el abrazo que busca ser algo más... desde ese momento no puedo quitarles ojo. La chica de pelo liso mira a su contertulia con cariño, pero en la chica de pelo rizado veo algo más. Identifico una mirada que suelo tener yo cuando miro a cierta persona a la que a veces desearía no dejar de mirar nunca. Y además tengo la impresión de que la chica de pelo liso no tiene ni idea de lo que está pasando... o quizá sí, pero disimula muy bien. Me da la impresión de que estoy en el tercer acto de una historia que habrá ocupado vete a saber cuántas horas en sitios como el Pepe Botella.

Se abrazan, esta vez con mucho más que amistad, pero con mucho menos de ninguna otra cosa. La chica de pelo rizado parece triste, su amiga la mira con ternura y comprensión, se vuelven a abrazar, la chica de pelo rizado le está abriendo su corazón, le está hablando de algo triste que la desgarra por dentro, de cómo se sintió cuando algo o alguien se fue, o la decepcionó, o murió, o se quedó y ella tuvo que huir. La chica de pelo liso la abraza otra vez y la mira cerca, muy cerca, quiere hacer lo que sea para consolarla. Se abrazan de nuevo, esta vez con la cara de la chica de pelo rizado pegada a la cara de la chica de pelo liso. Y ésta le da un beso cariñoso en la frente. Y en la nariz. Hay algo a punto de pasar. Pero no pasa. Puede que esté equivocado.

Desconecto un poco, igual me he pasado de listo. Se levantan para ir al baño. Primero una, luego la otra. Si me pregutaras, juraría que la chica de pelo liso nunca ha estado con otra chica, y que a la de pelo rizado le gustaría ser su primer amor. Pero puedo equivocarme. Vuelven del baño, se sientan la una al lado de la otra. Reanudan la conversación... todo vuelve a fluir. Si vieráis como se miraban... yo estaba fascinado. Era como ver una película muda y entenderlo todo.

Y entonces sucede. La chica de pelo rizado vuelve a caer en el llanto, la otra la abraza una vez más, esta vez mucho más cerca. Mucho más de lo que dos amigas se permitirían. Desvío la vista, avergonzado, pensando que igual estoy abusando de mi papel de testigo. Pero ellas sólo tienen ojos la una para la otra. En el medio segundo que tardo en volver a mirarlas se están besando... la chica de pelo rizado ha levantado ligerisimamente su cabeza hasta dejar sus labios a escasos centímetros de los de la chica de pelo liso, y ha dejado que sea ella la que haga el resto. Se besan, con una dulzura que me estremece y me dice cosas. Me siento mal por seguir mirando, pero no puedo apartar a vista. Tengo la sensación de haber presenciado algo mágico. El nacimiento de algo. Pero no sé cómo reaccionará la chica de pelo liso una vez que sus labios se separen y se rompa el hechizo. ¿Avergonzada? ¿Escurridiza? ¿Contenta?

Se separan, se quedan mirando algo alucinadas la una con la otra. La chica de pelo rizado ha jugado sus cartas de forma maestra. Por un momento dudé de que fuera eso lo que estaba pasando... Se miran otra vez, por primera vez, y se ríen, algo avergonzadas, pero contentas. Se dicen unas pocas palabras que hubiera dado medio mundo por poder escuchar, y luego vuelven a besarse. Despacito, como se debe besar a la persona a la que quieres.

Pasa un rato, hablan como si no pasara nada, todo bien, siguen siendo amigas. Por supuesto. Un poco más tarde se levantan para irse, mientras se ponen los abrigos se miran cómplices y se ríen, la chica de pelo liso no puede creeer lo que acaba de pasar, pero está contenta. La chica de pelo rizado está muy contenta. Se acercan a la barra y pagan, las veo irse. Quiero ir detrás de ellas. Quiero ver como sigue la película, como les va, qué sienten, quiero contarles lo que he visto y cómo lo he interpretado y que en apenas un par de horas les he cogido tanto cariño que me gustaría verlas sentadas enfrente mio en el Pepe Botella siempre que fuese posible. Y que les vaya bien. Ojalá. Y que la forma en la que se han mirado todo este rato no desaparezca nunca.