La Bella Durmiente
el 28 may - 1 comentario

Partiendo el impenetrable bosque de zarzas puntiagudas, agitando la espada a derecha e izquierda, esto no tiene buena pinta. He llegado hasta aquí, movido por la más noble de las causas. Lo que hace girar al mundo. Pero no lo veo claro.
En un mundo de blancos y negros esto funciona como un reloj suizo. Ella, la víctima. Yo, el héroe salvador. Ella la damisela en apuros. Yo, el valiente caballero, el príncipe azul. En el otro extremo, la malvada bruja que se convierte en dragón. La que la mantiene aletargada, escondida de sus propios sentimientos. La que le pone el velo en los ojos y la sumerge en un sueño infinito mientras el amor verdadero no la saque de allí. Eso, en un mundo donde todos tenemos claro nuestro rol. Pero no aquí.
Aquí ella es la bella durmiente y el dragón... y el bosque de zarzas puntiagudas. Y yo soy el príncipe azul y la bruja malvada. Todo a la vez. Yo provoqué primero su sufrimiento, su desesperación. Y luego su letargo... su dulce y tierna casi-muerte. Me convertí en salvador y verdugo. Pero los héroes no se rinden, no desfallecen, se levantan después de cada caída y, magullados, sudorosos y cubiertos de heridas sangrantes, aprietan los dientes para seguir adelante en el camino.... hasta el próximo enfrentamiento. Cada uno más grande que el siguiente, cada uno más temible, mas desesperante. Más largo. Hasta que te das cuenta de que el tiempo es el peor rival de todos. El tiempo y el olvido que provoca un letargo inducido por tan malas artes.
Ella, a su vez, me despertó de mi ceguera, me dio la espada y me dio un beso en los labios. Y se fue. Me dio su corazón con la esperanza de que fuera suficiente para mí, y luego cayó dormida, víctima de mi propio conjuro. La salvé para matarla. Y ella me salvó para matarme luego. Se convirtió en dragón. Protector de su lecho. Impidiendo que ya nadie se acercara a darle el tan deseado beso que la despertara.
Pero no hay dragón suficientemente fuerte, ni tiempo demasiado largo, ni herida demasido abierta para frenarme. Ahí voy. Y sólo voy porque sé que soy la única persona capaz de despertarte. Nadie más lo conseguirá. Incluso el dragón lo sabe. Incluso la bruja muerta que habita dentro de mí sabe que no hay receta contra esto, excepto seguir levantándose y estar ahí, al pie del acantilado, mirando al dragón a los ojos y dicíendole con tu mirada "No te tengo miedo, sé que estoy haciendo lo correcto". Nadie más podrá conseguirlo. Nadie más se merece hacerlo. Igual que nunca ninguna otra princesa mereció tan encarecidamente ser rescatada de su sueño.
No tengo prisa. Tengo toda la vida por delante.





No hay trayecto más árduo, proceso más valeroso, ni hazaña más azarosa que la que conlleva el camino a la redención.