La Coctelera

Categoría: Algo de todo lo demás

El beso bajo la lluvia

Posteado por: The Devil Rules the World el 22 feb En: Yo, mí, myself... Algo de cine Algo de todo lo demás - 4 comentarios

Culminación por antonomasia de la película romántica. La épica del amante determinado en busca de su amor, a punto de irse (física o metafóricamente). El momento que compensa todo lo demás, todo lo que sale mal o no marcha como quisiéramos. Un instante para rodear con nuestros brazos a la mujer de nuestros sueños y dejar que la química la convenza de que sois el uno para el otro. Y la lluvia cae, empapándonos y enfatizando el romance que se sale por las costuras. Y la música... qué musica. Subiendo y elevando el alma porque nos podemos ver reflejados (qué mas quisiéramos) en los dos protagonistas que sellan su destino con un beso sin mirar atrás. Y si todo va bien, si el trabajo está bien hecho, si todo está en su sitio y el momento cumbre funciona como debe y se convierte en el alma de la película (de nuestras vidas), todo lo demás se olvida, se borra y se pierde entre las gotas que nos salpican la cara. Y que empiecen los créditos finales.

No es el final de la película, no os preocupéis. Pero si algún día consigo una pizca de la intensidad de esta escena podré morir tranquilo.

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Un poco de ciencia

Posteado por: The Devil Rules the World el 5 ene En: Grandes personalidades del mundo (real o ficticio) Algo de todo lo demás - 4 comentarios

Resulta sorprendente pensar en un mundo anterior al nuestro, justito en cuanto a tecnología pero con indudable hambre de conocimiento. El mundo científico de 1761 era muy diferente al actual, la astronomía era una ciencia aún en pañales pero que trataba ávidamente de ponerse a la altura de los avances que había impulsado Isaac Newton a través de su obra "Principios matemáticos de filosofía natural". Una de las grandes cuestiones a resolver era la distancia que separaba a la Tierra del Sol y del resto de planetas del sistema solar.

Edmund Halley, que pasó a la Historia por (entre otras muchas cosas bastante más importantes) darle nombre al famoso cometa, teorizó que, si durante el paso del planeta Venus por delante del Sol, se medía el tránsito desde diferentes lugares del planeta, se podrían usar los principios matemáticos de la triangulación para averiguar la distancia entre la Tierra y el Sol y posteriormente entre los otros planetas. Halley murió sin poder demostrar su teoría ya que estos "tránsitos de Venus" son un fenómeno irregular que ocurre en parejas durante ocho años y luego no se repiten en más de un siglo. La cuestión, y el origen de este post, es lo que ocurrió en el año 1761, durante el nuevo tránsito de Venus.

Porque ésta vez la comunidad científica estaba más que preparada. De hecho, fue la primera empresa científica internacional. Numerosos científicos de todo el mundo partieron a los rincones más diversos del planeta (Siberia, China, Sudamérica, Indonesia, etc), países como Francia o Inglaterra lideraron las expediciones simultáneas, pero también colaboraron Suecia, Rusia, Alemania y otros países. Cada científico partió hacia una zona concreta con la misión de medir el tránsito de Venus por delante del Sol.

Se podría decir que fue también el primer pequeño gran desastre conjunto del mundo científico.

Empecemos por los numerosos pardillos que llegaron a su destino y abrieron sus baúles para encontrar los instrumentos completamente destrozados por los vaivenes del viaje. Esos al menos llegaron a su destino, otros tantos se quedaron a mitad de camino tratando de sortear guerras y enfermedades (estamos en el siglo XVIII por si alguien lo ha olvidado). El científico Jean Chappe atravesó toda Siberia a bordo de caballos, trineos, trenes o lo que hiciera falta, protegiendo escrupulosamente su material de medición. Cuando llegó a su destino, unas lluvias fluviales exageradamente intensas le impidieron cruzar al punto concreto donde debía realizar la medición. Imaginaos lo que pensaron los habitantes de la zona cuando le vieron utilizar sus instrumentos apuntando hacia el cielo mientras caían unas inexplicables lluvias torrenciales.... Gracias a dios, corría más que los habitantes de la zona.

No fue nada si lo comparamos con el francés Guilliame Le Gentil, que, a pesar de salir de su país con un año de antelación en dirección a la India para llegar holgado de tiempo, acabó presenciando el tránsito desde alta mar, en un barco (el peor sitio posible para la medición, lo que haría inútiles sus datos). Le Gentil, sin dejarse sucumbir por el desánimo, decidió esperarse en la India al siguiente tránsito, ocho años más tarde. Ésta vez sí, con tiempo suficiente, preparó todo lo necesario para realizar las mediciones en las mejores condiciones posibles. Cuando llegó el gran momento, el 4 de junio de 1769, Le Gentil, optimista por el buen tiempo que se advertía desde su ventana, pudo comprobar con cierto asombro como una nube solitaria se colocaba delante del Sol durante las más de tres horas que duró el acontecimiento. Con un evidente nivel de mosqueo, imagino, Le Gentil empaquetó y volvió a su país natal, pero por el camino contrajo disentería y pasó un año entero en la cama. Pasado ese tiempo embarcó, pero un huracán estuvo a punto de hacerle naufragar... al llegar a Francia, más de once años después de su partida, se encontró con que sus parientes le habían dado por muerto y se habían dedicado a gastarse todo su dinero. Menuda cara se les debió quedar al verle entrar por la puerta...

El talante colaborador que existía entre el gremio de científicos a nivel mundial no se extendía entre los políticos que acostumbraban a entrar en guerra día sí día no.  Charles Mason (no confundir con Charles Manson por dios) y Jeremiah Dixon tuvieron que padecer el ataque de un barco francés mientras se encaminaban a Sumatra para realizar sus mediciones. Algo acongojados, enviaron una nota a la Real Sociedad (que se encargaba de sufragar toda la empresa) diciendo que, bueno, que habían cogido un barco y que, vaya, que el tema parecía peliagudo, y que casi mejor, si no les importaba mucho abortar la misión y tal. La Real sociedad les contestó que de qué iban, que ya habían pagado sus honorarios y que ni se les ocurriese dar marcha atrás, que una fragata llena de franceses cabreados no era motivo suficiente y que eran unos nenazas. Algo timoratos, Mason y Dixon continuaron adelante sólo para comprobar que Sumatra había sido tomada por Francia, con lo que observaron el tránsito desde algún punto del cabo de Nueva Esperanza, sin llegar a ningún dato útil. Volviendo a Inglaterra, conocieron a otro científico, Neville Maskelyne, que tampoco había podido realizar sus mediciones por culpa de las lluvias.

La historia de esta empresa podría acabar aquí, cuando la Real Sociedad se dio cuenta de que ninguna de las pocas medidas que habían podido realizarse ofrecía dato de interés alguno (al parecer algunos datos no sólo no eran compatibles sino que incluso se contradecían unos a otros)... sin embargo podríamos añadir que Mason y Dixon pasaron los siguientes cuatro años cartografiando más de 392 kilómetros de bosques en el centro de Estados Unidos cuyo resultado acabó siendo conocido como la linea Mason-Dixon que terminó por convertirse en la frontera simbólica entre los estados esclavistas y los estados libres... pero que también es el nombre del boxeador al que se enfrenta Rocky Balboa en su última película. Además Maskelyne y Mason entablaron una sólida amistad que les llevó a colaborar en la medición de una montaña situada en las highlands de Escocia central, llamada Schiehallion, cuyas dimensiones, extrapoladas en un complejo experimento de deflexión gravitatoria (sic), acabarían por dar como resultado la masa total del planeta Tierra, algo que inquietaba a los científicos de la época tanto o más que la distancia entre la Tierra y el Sol. Pero esa es otra historia.

Finalmente, durante el tránsito de 1769, un capitán de barco llamado James Cook consiguió unos datos suficientes para que, a su vuelta de cartografiar y reclamar Australia para la corona británica, el astrónomo francés Joseph Lalande estableciese la distancia entre el Sol y la Tierra en unos miserables 150 millones de kilómetros. Y ese dato sólo ha podido mejorarse en apenas unos décimales en los doscientos cuarenta años que han transcurrido desde entonces. Ahí lo llevas...

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Nochevieja

Posteado por: The Devil Rules the World el 1 ene En: Yo, mí, myself... Algo de todo lo demás - 6 comentarios

Cena en casa con mis padres. Tomo las uvas por primera vez en miles de años. Salgo con tiempo porque habrá atasco. Hay atasco, pero el normal de un viernes por la noche. Nada serio. Aparco un poco más lejos de lo que me hubiera gustado, pero a la primera. Más vale pájaro en mano... Camino por Cibeles y subo por Gran Via. Gente emborrachada de aires de fiesta y de, bueno, alcohol. Llego pronto. Llamo. Llegan muy tarde. Plan B. Fiesta en casa de mi amiga (está al lado). Coca-cola Zero en vaso de plástico. Una posible serie sobre los problemas a los que se enfrenta un funcionario encargado de inspeccionar la seguridad de los sitios de trabajo. Veo suspense, culebrón y al menos doce capítulos de la primera temparada en mi cabeza. Vuelvo a llamar. Ya están allí. Arrastro a toda la fiesta en casa de mi amiga hasta un bar de moda donde no hay que pagar entrada. Algunas me miran raro, querían apalancarse en casa. Me resulta raro ser yo el que obliga a la gente a mover el culo del plan setil. Año nuevo... En el bar hay colchones a ras de suelo que te permiten beber tumbado cómodamente. Tomamos posiciones. Me bebo una coca-cola y le doy el cambiazo a una de mis amigas, pero el ron sabe demasiado mal. Un cadáver con forma de chica de unos veinte años yace acurrucada en una esquina del colchón. Se me ocurre que estaría bien acurrucarme a su lado en posición cuchara, quitarme la camiseta y esperar a que despierte para decirle "uhau, fue genial ¿verdad?" pero seguramente a ella no le haría tanta gracia como a mí. Tras un par de horas de charla se nos ocurre levantarnos para bailar. Por suerte no hay mucho que bailar, el DJ se ríe de todo el mundo pinchando el "A tu lado... me como un helado" (o algo así) y acaba la sesión con el himno de España. O nos vamos a casa o buscamos un plan decadente. La parte de la fiesta de mi amiga se retira mientras el resto nos dirigimos a un auténtico tugurio. Llamas suavemente a la puerta y te abre un vegestorio que te examina para ver si le darás problemas. El sitio parece un cabaret clandestino de la segunda guerra mundial. El dueño es Asterix con ochenta años. Habla con mi colega sobre relojes de bolsillo. Resulta que los colecciona. Tiene más de sesenta. Se ponen a charlar. Hay un piano vacío sobre un seudo escenario. Hoy el pianista tiene vacaciones ¿queréis una fabada?, nos dice el dueño. Son las siete de la mañana, voy a pasar de la fabada, pero me tomo una cerveza porque yo lo valgo. Mirando el piano le digo a mi colega "deberías tocar Piano man". Un tipo de pelo rizado se sienta al piano, hace una intro extraña y se pone a tocar "Piano man" mientras su hermano gemelo, o un clon malvado, una de dos, se sienta a su lado sin hacer otra cosa más que aprovecharse de la atención que genera el otro. Mi amiga la que llegó tarde comparte unos spaghettis con su hermana. Boloñesa. Con queso por encima. El tugurio se va llenando mientras los éxitos populares al piano van aumentando. Decidimos irnos y mi amiga me dice "deberíamos pasar más nocheviejas juntos". Y pensar que por la mañana no tenía ni idea de lo que haría.

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¿Quién vigila a los vigilantes, coño?

Posteado por: The Devil Rules the World el 26 dic En: Algo de cine Algo de todo lo demás - 14 comentarios

Es, sin lugar a dudas la obra cumbre del género. El mejor y más laureado cómic sobre superhéroes que jamás se ha escrito. Publicado en 12 números entre 1986 y 1987, escrito por Alan Moore y dibujado por Dave Gibbons. Primer cómic en ganar el prestigioso premio Hugo de literatura de ciencia ficción. Responsable en gran medida de la revolución que experimentó el género en los ochenta. Cuando alguien me dice que no le gustan los tebeos de superhéroes, le digo "lee "Watchmen".

A finales de los 80 empezó a hablarse de su adaptación al cine. Lawrence Gordon y Joel Silver, que por aquel entonces andaban produciendo éxitos como "Jungla de cristal" o "Depredador" adquirieron los derechos para la Twenteith Century Fox. No prosperó. Cuando Time Warner, empresa dueña de, entre otras Warner Bros, adquirió la editorial DC Comics, todas las  publicaciones de ésta pasaron a ser de su propiedad. A lo largo de los años, Terry Gilliam, Darren Aronofsky o Paul Greengrass han estado embarcados en la preproducción de una película que parecía maldita y destinada a no ser producida jamás. Finalmente, Zack Snyder, director de "300" consiguió lo imposible y "Watchmen", la película, está a escasos tres meses de convertirse en realidad.

Para mi, adaptar "Watchmen" es como adaptar la Biblia. Hay cosas que por su propia naturaleza no pueden separarse de lo que son. "Watchmen" es un cómic que sólo puede y debe entenderse como cómic. Así es como nació y así es como debe comprenderse. "Watchmen" es un tebeo con tantas lecturas, capas y recapas y con una estructura tan metalingüistica que querer sacarlo de su medio sólo puede dar una obra inferior y, en consecuencia, inutil. El propio Moore, rebelde por definición, reniega de las adaptaciones que se hacen de sus obras y aún así confiesa que el guión de ésta película es todo lo cerca que una película puede estar del cómic original, pero a pesar de eso, sigue sin ser "Watchmen". Sí, veremos colorines, encuadres calcados de las viñetas, delirios visuales y una iconografía que lucirá muy bien en imágenes en movimiento, pero seguirá sin ser "Watchmen".

Como oyendo mis pataletas, a escasos tres meses de su estreno, la Fox ha ganado un pleito en el que reclamaba la validez de los derechos que pagó en su día por el cómic de marras. Las consecuencias de ésto son devastadoras para Warner, que probablemente se verá obligada a compartir gran parte de sus beneficios con la competencia... eso si se llega a un acuerdo, porque la película podría acabar embargada sin ver nunca la luz del día (es algo poco probable, pero muy prometedor). Hay una maldición que persigue a esta película.

Pero ¿qué más da todo esto? ¿A quién le importa la adaptación de un tebeo que puede o no ser una buena o una mala película? ¿Por qué en el cine actual no valen las ideas nuevas y todo hay que sacarlo de cómics, best-sellers y antiguas y no tan antiguas películas? ¿Por qué no nos sentamos a morir tranquilamente en nuestros sillones mientras dejamos que la vida pase por delante nuestro sin atrevernos a meter la mano en ella por si acaso nos pillan las hélices del ventilador? ¿Qué es más guay? ¿qué te guste "Watchmen" o que no te guste "Watchmen"? ¿Que respetes la decisión de Alan Moore de mandar a tomar por culo a todo aquel que adapte sus obras, o la de Frank Miller de reverenciar a todo aquel que se folle las suyas, para poder él a sí mismo follarse las de otros? ¿Y qué pasa si un día alguien hace una guerra y no va nadie? Siempre he pensado que esa utopía es la mayor estupidez jamás pronunciada, pero de pronto un día ves el telediario, con esas pequeñas dósis de snuff para todos los públicos, de mamoneo, de morbo barato y penurias humanas y te planteas la posibilidad de que un tipo con autoridad para dirigir ejércitos se dedicase en su lugar a adaptar cómics para convertirlos en películas y gente como Bush se quedase sin primos analfabetos que enviar a sus historietas... ¿Y de qué escribiríamos entonces si no hay guerras? ¿de qué se alimentaría el arte si no hubiera amor, celos, envidias, dolor, sufrimiento y muerte? ¿Cuánto vale el amor si no has experimentado antes el sufrimiento? ¿Dónde está el climáx? ¿Cuando empieza el tercer acto y acaba el segundo? ¿Eh? ¿Dónde?

(Para los que no se apañen con el inglés, AQUI tienen la misma escena en español)

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Insomnio sin Vilser Furser

Posteado por: The Devil Rules the World el 15 dic En: Yo, mí, myself... Algo de todo lo demás - 7 comentarios

Dicen que se debe al estrés, al sentimiento de culpa, a tener la cabeza revuelta. Cuando no duermes, pues no duermes. Primero tratas de relajarte y concentrarte en dormir. Luego te pones nervioso porque notas que el tiempo pasa y tú no descansas, sólo das vueltas y más vueltas en la cama mientras el pijama se te va volviendo del revés. Nada. Te pones música. Tranquilita a ser posible, pero cuando acabas un disco entero sabes que no sirve de nada. Vuelves a tratar de relajarte, pero es inutil, ya son las tantas. Te levantas desesperado. Te pones una peli, o los capitulos correspondientes de la serie de turno. Amanece y tú sigues pensando en que si te tumbas en la cama no va a ocurrir nada. Pero te tienes que ir a la cama...

Ayer tenía cosas que hacer (menos mal) me puse el despertador a las diez y media. Pero a las ocho estaba tan aburrido de intentar dormir que decidí ducharme y tirar para el juzgado de lo social. Ya había estado el jueves. Pero el único puto día de toda mi existencia que he tenido que ir al juzgado de lo social, resulta que estaban en huelga. Lo supe en el momento en el que salió a atenderme una señorita con una pegatina gigantesca en el pecho que ponía "servicios mínimos"...

- ¿Qué quería?
- ¿Es usted la señorita Servicios Mínimos?
- ...
- No se enfade, es que estoy viendo lo que va a pasar a continuación.
- Estamos en huelga.
- No-lo-jure.

Con el rabo entre las piernes me meto en el metro, donde me para una chica muy guapa con una frase inquietante:

- Dime una cosa, ¿te gusta leer?

Veo de qué va el tema.

- Sí, pero ahora no tengo tiempo para encuestas.

Me detengo a mirarla. Es guapa, y me sonríe mucho. Decido que puedo hacer un hueco en mi apretada agenda. Ella me da un simpático golpecito en el brazo.

- Era para hablarte del círculo, hombre!!
- Ya soy del círculo.
- Ah.

Momentos incómodos. Miradas esquivas. Se acabó nuestro pequeño romance. Me voy andando con el gesto torcido pensando que nuestra bonita historia acabó antes de empezar. Siempre serás mi ex-mujer favorita...

Pero eso fue el jueves. Ayer era lunes. Y no había huelga. Sólo una cola enorme para entrar. Y en el banco, dos cretinos que tardan media hora por cliente porque no se entienden con el ordenador. Y se me pasa el parquímetro, y tengo que ir a la oficina de bankinter, donde una vieja amiga me mira con cara de echarme la bronca.

- Hola... Mario...
- Oh dios...
- ¿Has venido a ingresar dinero?
- Sí, pero... en mi cuenta... es que...
- ¿En tu cuenta? ¿no en la de la empresa? ¿eh? ¿Mario?
- No tengo dinero para la empresa, bueno, en realidad esto es dinero para la empresa, sólo que no para vosotros. Es complicado... ehmm... y dime ¿qué haces esta noche?
- Mario, TIENES que pagarnos...
- ¿Eso que he oído es una puerta de mazmorra?
- No te pongas nervioso.
- Esto no era lo que habíamos hablado.
- Mario. Tienes que pagarnos. Mario.
- Oh diossss, ¡¡cállate, cállate, deja de pronunciar mi nombre maldita zorra insensible!!

Empiezo a correr por la oficina hasta llegar a la salida. Esquivo los dardos tranquilizantes y las mirillas laser de fusiles semi-automáticos. Pero consigo huir.

Al llegar al coche alguien me llama y me da una estruendosa y maravillosa noticia. Llego a casa con la intención de difundir la buena nueva y me llegan más buenas noticias. Más motivos para no pegar ojo. Empiezo a escribir mails sin parar. Ni siquiera me molesta llevar en pie veinticuatro horas, ni tampoco una llamada de un pobre hombre sin vida social que llama de parte de bankinter porque le habíamos prometido que hoy le ingresaríamos dinero (jajaja, maldito cretino confiado...). Como y me siento a ver capítulos de "El ala oeste de la casa blanca" uno tras otro sin que el sueño me reclame. Decido cambiar de táctica. Me abro una lata de coca cola light sin cafeína y meto en el dvd "Terminator 3". Schwarzenegger es la clave. Sueño con angelitos. Hasta mañana. Eso es todo. Fin del post.

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Injusto

Posteado por: The Devil Rules the World el 9 dic En: Algo de todo lo demás Mierdaposts - 7 comentarios

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Estrella y su extraña relación con la muerte

Posteado por: The Devil Rules the World el 2 dic En: Algo de todo lo demás - 7 comentarios

Cuando la madre de Estrella dio a luz a su preciosa hijita de pelo azabache, pudo contemplarla durante unos segundos con la felicidad dibujada en su cara antes de fallecer. Su padre es posible que siempre guardara algo de resquemor hacia su hija, pensando que quizá, sólo quizá, Estrella (así habían decidido llamarla, meses antes de su nacimiento) había matado a su madre al poner pie en nuestra realidad. Pero claro que la quiso. Como un padre puede querer a una hija.

Estrella iba a ser la primogénita de nueve hermanos, pero el repentino e inesperado fallecimiento de su madre la convirtió en hija única. Su padre nunca volvió a casarse, ni a emparejarse, ni tan siquiera a acostarse con mujer alguna. Para él, el amor había venido a visitarle una vez y sólo una. Y ni tan siquiera se molestó en tratar de buscar otras mujeres para rellenar un hueco que con los años fue haciéndose mayor.

A los cuatro años, Estrella tenía pocos amigos, pero le gustaba decir que tenía novio, aunque no tuviese realmente claro qué significaba tener novio. Su novio, decía, se llamaba Alberto. O Albertito como le gustaba decir a su padre con tono burlón, sospechando que en realidad su existencia no ocurría más allá del cerebro de su hija. Pero Alberto era real. Iban de la mano al parque, jugaban en la arena, subían a los columpios, se prestaban los muñecos. Estrella era una niña increíblemente guapa con un pelo insólitamente largo para una niña de su edad. Alberto sabía que su novia era especial, lo supo poco después de conocerla, y lo supo en el preciso momento en el que sus labios tocaron los de ella, de forma tan divertidamente inocente como puede ser un beso entre dos niños de cuatro años que no entienden lo que significa darse un beso en los labios. Estrella se rió, sin entender a qué venía, y Alberto enrojeció inmediatamente. Ella volvió a su casa trotando, riendo, saltando y gritándole a los pájaros. Alberto murió atropellado por un camión que tomó mal una curva camino de la casa de su madre.

Si alguna vez sintió que le echaba de menos, pronto se le olvidó. Estrella se convirtió en esa clase de adolescente que parece pasar desapercibida hasta que te fijas en ella. Con dieciséis años algún chico de su clase trataba de conquistarla y algún otro la hacía reír, pero ella sólo tenía ojos para el que jamás le dirigía la palabra. Jaime siempre pasaba la mirada por encima de Estrella sin realmente mirarla nunca. Quizá le costaba encontrar a la chica bonita que se escondía detrás de esa larga melena de pelo lacio y negro como el carbón, o quizá simplemente, no le parecía tan bonita. En la fiesta de graduación, Jaime había bebido mucho más de lo que correspondería a alguien de su edad, y se había liado o metido mano con al menos dos o tres de sus compañeras de curso, datos que Estrella ignoraba completamente cuando él le pidió ir a dar una vuelta, tambaleándose y arrastrando las consonantes mientras hablaba. Se besaron y se metieron mano, lo justo y prudente cuando tienes dieciséis años y el sexo aún no es una prioridad en tu vida. A Estrella le gustó, Jaime se fue a casa, pasó una tremenda resaca y olvidó completamente que nada de todo aquello había llegado a ocurrir. A Estrella no le molestó.

Cuando empezó la universidad, conoció a alguien realmente interesante. Hablaron muchos días, faltaron a clase, fueron al cine, y acabaron haciendo el amor en el coche de él, un viernes en el aparcamiento de su facultad. Empezaron a salir. Estrella y Juan, el hombre impoluto. El padre de Estrella lo conoció a los pocos meses y le pareció un posible yerno más que correcto, y estuvo convencido de que su difunta esposa también lo habría aprobado. Juan acabó la carrera y comenzó a trabajar, al igual que Estrella. Cuando llevaban seis años juntos, Juan le propuso matrimonio. Estrella no vio inconveniente alguno en casarse y la boda tuvo lugar un año más tarde. Otro año después, Estrella estaba embarazada, un hecho que provocó un pequeño pinchazo de temor en su padre.

Dio a luz un frío diecinueve de enero, sin problemas ni complicaciones, y la mirada de satisfacción que Juan le dedicó cuando meció a su hijo por primera vez llenó de alegría la cara de Estrella. Cuando Juan cruzó la calle para comprarle a su esposa el mayor ramo de flores que podía pagar, cayó fulminado por un paro respiratorio cuya causa fue imposible de determinar. La hija de Estrella, Carla, empezaba su vida igual que su madre.

Cuando Estrella cumplió treinta años, su hija tenía ya dos años y le gustaba correr por el parque y jugar en los columpios. Estrella siempre la vigilaba, empujada por su amor de madre y por una pequeña e insistente señal que golpeaba su cabeza de vez en cuando recordándole lo frágil que puede ser una vida. Un día, Carla consiguió trepar hasta lo más alto del columpio, saludó a su madre, quien respondió con alegría al saludo, y acto seguido se despeñó cayendo de bruces contra el suelo.

Carla perdió la vida camino del hospital, agarrando con fuerza la mano de su madre, quien lloró aquel día todo lo que no había llorado a lo largo de su vida. Su padre, tan triste como ella, vio confirmados sus más tristes temores, pero nunca los compartió con ser humano alguno.

Con el paso de los años, Estrella, que aún trataba de superar la pérdida de su hija, buscando consuelo en la iglesia, en los psicólogos o en quienquiera que fuera capaz de ofrecerle algo parecido a una explicación racional por haber perdido, casi desde su propio nacimiento, todo lo que más le importaba en la vida, descubrió algo insólito. Su cuerpo no parecía ni un día más viejo que hacía cinco años. Su padre también lo notó. Pero tampoco dijo nada.

Cuando cumplió cuarenta, seguía aparentando veinticinco, lo que era llamativo, pero no demasiado extraordinario. Cuando cumplió cincuenta empezó a ser confuso. Su pelo negro y largo seguía igual que siempre, su cara, sus ojos, sus manos, no envejecían ni se veian surcados de arrugas o amagos de celulitis. Su piel no tenía manchas. Comenzó a mentir sobre su edad. Al fin y al cabo, los amigos iban y venían, casi nunca se quedaban, igual que los trabajos, y apenas tenía familiares cercanos. Su padre, que ya tenía ochenta años no dijo palabra alguna. Cinco años más tarde, aquejado de una enfermedad incurable, pasó sus últimos días en la cama de un hospital, constantemente acompañado de la que los médicos creían era su nieta. Sus últimas palabras antes de morir fueron un susurro que jamás llegó a oídos de su hija.

Cuando Estrella cumplió setenta años y seguía pareciendo recién graduada de la universidad, conoció a un agradable joven en su trabajo. Él no tenía más de treinta años, pero parecía mucho mayor que ella. Enrique la conquistó con paciencia, humor, y buena conversación. Estrella llevaba casi cuarenta años sin relacionarse con ningún hombre pero definitivamente vio algo en él que probablemente nunca había visto en ninguna otra persona. Se enamoraron. A lo grande. Murió ahogado en el mar, durante una de sus vacaciones en la playa. Estrella no lloró.

A las pocas semanas se encerró voluntariamente en una institución mental. Las enfermeras comentaron entre cuchicheos lo joven que parecía para los treinta y un años que figuraban indicados en su ficha. Y pasó el tiempo. Cinco, diez, veinte años. El equipo médico iba cambiando, las enfermeras iban y venían. Estrella nunca llamaba la atención, siempre escondida bajo su melena interminable de color negro. Un día se despertó y se miró en el espejo del baño. Habían pasado cien años desde que llegó a aquel lugar por primera vez y llevaba más de cuarenta sin contemplar su rostro, de puro aburrimiento. El reflejo que le devolvió el espejo no fue nada nuevo. Ni una sola ojera, arruga o pata de gallo. Decidió no volver a mirarse en un espejo durante el resto de su vida.

La institución cerró. Cuando el joven médico que realizó todo el papeleo para el traslado de enfermos vio la ficha de Estrella frunció el ceño y corrigió lo que creyó una errata en la fecha de nacimiento con una sonrisa. Como ingresó de modo voluntario, y como cien años alejada del mundo no habían conseguido mejorar su estado de ánimo, Estrella decidió volver al mundo real. Nada había cambiado demasiado, excepto quizá, su disposición para relacionarse con la gente. Sabía que nunca, jamás, bajo ningún concepto podía dejar que nadie le volviera a importar lo suficiente. Que nunca podría volver a enamorarse ni a profesar cariño por ningún ser vivo. Y ese pensamiento la deprimió.

Alquiló un apartamento, llenó la bañera de agua caliente, se desnudó, se sumergió en el agua y se abrió las venas. Poco a poco perdió el conocimiento. Al despertar tenía la piel arrugada por el agua teñida de rojo, pero no había una sola cicatriz en sus muñecas. Estrella comprendió que tenía una extraña relación con la muerte, aunque no tenía la más remota idea de cuál pudiera ser.

La vida puede parecer algo extraño y complicado cuando no comprendes el propósito de tu existencia. Estrella meditaba sobre ello, sentada en el banco de un parque cuando levantó la vista a tiempo para ver a la criatura más hermosa que jamás había contemplado. Era una mujer, de pelo negro, lacio y largo, como el suyo, de ojos penetrantes y sonrisa contagiosa. Alguien que no conoces pero del que inmediatamente quieres saber todo. Ella le sonrió y Estrella bajó la mirada tímidamente. Se presentaron. Se llamaba, curiosamente, Carla. Salieron juntas un par de veces. Estrella tenía miedo de enamorarse, pues sabía perfectamente lo que ocurriría, pero al mismo tiempo no podía dejar pasar el momento. Lo que sentía era demasiado intenso, demasiado maravilloso como para negarse a verlo. Carla se reía de sus temores. Le contó todo. Sus doscientos cincuenta años de vida. Y ella le creyó. No dudó una sola palabra de lo que le dijo, pero seguía riéndose porque, decía, nadie nunca podía matar de amor. Sencillamente no se podía.

El día que Estrella estaba a punto de decirle "te quiero" a Carla, se dio cuenta de que su amante era su vivo reflejo. Llevaba tanto tiempo sin contemplarse en espejos que había olvidado su propia cara, y por eso tardó meses en reconocer a Carla como lo que era realmente: se había enamorado de sí misma. Aún con todo, le dijo las dos palabras a Carla, y después murió, sumergiéndose en una extraña paz.

Camino del cielo, o de lo que ella suponía que debía ser el cielo, Estrella esperaba poder aclarar ciertas cosas con el Creador o quien fuera que tuviera a bien darle alguna explicación. Al no presentarse nadie, Estrella miró el vacío que la rodeaba y, sin más, comprendió que, de alguna forma, no era su amor el que mataba a la gente... era el amor que los demás tomaban de ella lo que los mataba. Una madre ama incondicionalmente a su hija, pero ésta tarda en comprender lo que significa querer a su madre. Un esposo puede parecer que te ama, pero sólo hacerlo de verdad cuando le has dado lo que más quería en el mundo... y así uno tras otro, hasta que la única forma en la que puedes morir, es enamorándote de ti misma.

Estrella simplemente no comprendía que ella era su propia relación con la muerte, y que sólo había estado de paso. Doscientos cincuenta años. Apenas un parpadeo.

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Cómo usar el Facebook (en cómodos pasos)

Posteado por: The Devil Rules the World el 30 nov En: Algo de todo lo demás - 7 comentarios

Bienvenido a la comunidad virtual más grande del ciberespacio. Un sitio donde no sólo podrás encontrar a aquellas amistades que creías perdidas para siempre, sino que también podrás crear millones de amigos con los que no tienes nada en común y que agregarás únicamente para quedar bien, y para aumentar tu número de contactos. Un sitio donde encontrarás mil y una pijadas y chorreces sin utilidad práctica alguna pero que te harán invertir cientos de horas que podrías haber aprovechado en algo mucho más útil... Pero, ¿cómo?... ¿qué no sabes iniciarte en el Facebook?... ¡Es fácil!

- Paso 1: Un amigo te habla de Facebook y te manda una invitación al mail.

Naturalmente la aceptas, un poco a regañadientes porque, total, tu blog no lo lee ni cristo y jamás has conseguido comerte una rosca en los chats. Te registras. Ya eres uno de nosotros.

- Paso 2: Escoges esa foto tan chula para ponerla en el perfil.

Esto es, a fin de cuentas, un mercado de carne. Puede que seas tímido, pero tu foto te está vendiendo, así que nada de poner un avatar graciosete como en el messenger. No. Aquí escogemos aquella foto en la que sales tan impresionante, con ese toque de profundidad en la mirada y esa pose casual que está gritando "fotogenia!!".

- Paso 3: Agregas a todos tus amigos a los que ves cada fin de semana, a los familiares (si es que manejan internet) y a tu novia.

Es lo menos que puedes hacer... necesitas tener un número razonablemente alto de contactos para que la gente piense que eres alguien popular.

- Paso 4: Te quejas de lo mal que sales en las fotos que han colgado tus amigos.

Claro, tu no tenías cuenta y ves que tus amigos ya han colgado fotos en las que sales tú, y siempre son horrorosas, no sales bien en ninguna. "Vaya foto más cutre que me has puesto, salgo fatal". Todos tus esfuerzos con la foto de tu perfil, a la basura.

- Paso 5: "No entiendo nada".

La primera invitación para ser mordido por un zombie es recibida con cierta incredulidad. Alguien te sugiere como fan de "Sexo en Nueva York", otros te envían un superhéroe, otros te meten en una pelea de bandas y finalmente tu amiga la hippy te manda una invitación de buen karma. What the...

- Paso 6: Amenazas con borrarte la cuenta.

Estás invadido de solicitudes de chorreces sin fin, te obcecas porque hay demasiados botones y no lo entiendes todo a la primera, quieres pedir ayuda, pero todo dios usa facebook y tú vas a parecer subnormal, así que dices "a mi eso del facebook me parece una mierda" y amenazas con desaparecer.

- Paso 7: Descubres "hacerse fan de...".

Oh sí, en el momento en el que un colega se hace fan de Don Pimpón, descubres un mundo nuevo de color y estupidez, y empiezas a hacerte fan de TODO.

- Paso 8: Te pones frases super cool en tu "estado".

Así todos podrán enterarse de que te pica un pie, de que te has quedado sin entradas para el concierto de The Killers, de que has visto antes que nadie la nueva película de Wong Kar-Wai (y que te parece sobrevalorada), o que acabas de echar un polvo (por fin).

- Paso 9: Buscas a tu antiguo amor de instituto/universidad/aquel viejo trabajo.

Y lo encuentras, claro. Te emocionas, le escribes un mensaje en su muro diciendo "¿te acuerdas de mí?" y ella te contesta con un "¡Claro que sí!" que en realidad significa "hacía años que no te dedicaba ni un solo pensamiento". Te emocionas más.

- Paso 10: Tus amigos y tu novia descubren que le has escrito a tu antiguo amor de instituto/universidad/aquel viejo trabajo y se meten contigo.

Es el momento en el que descubres que no tienes mucha privacidad en facebook y que, quizá, deberías usar los mensajes privados si no quieres ser el hazmerreir. Tu novia no se pone muy dura contigo porque ella ya ha hecho lo mismo con sus antiguos amores de instituto/universidad/aquel viejo trabajo.

- Paso 11: Sigues encontrando viejos amigos del colegio o la universidad y organizáis una quedada.

Te encuentras recordando viejos tiempos con gente a la que no veías desde hace diez o quince años. Siempre hay alguien que dice que has perdido pelo o has ganado peso, o ambas cosas. Te emborrachas, te lo pasas de puta madre, intercambias el teléfono móvil con todo el mundo y hacéis promesas de no volver a perder el contacto.

- Paso 12: Te quejas de lo mal que sales en las fotos que han colgado tus amigos...

Etc...

Y de esta forma ya has ingresado en facebook, el portal del infierno, el sitio donde todo el mundo encuentra a todo el mundo y, al mismo tiempo, puedes hacerte fan del conductor de autobús de "Los Simpsons", ingresar en el grupo "digo que me gustan pelis que no he visto para ser más guay" o mandarle un trozo de tarta de queso a cualquiera de tus amigos golosos. Una forma infinita de pasar horas delante del ordenador sin hacer nada productivo y, al mismo tiempo, mejorando tu vida social. Y lo peor es que funciona.

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