Parte 1: La cena:
Hace ya unos meses que he cogido la costumbre de tomar una cena ligerita que en muchas ocasiones se convierte en una ausencia total de cena. Ésta afición proviene de ser un tirillas de toda la vida y de repente verte con algo parecido a una barriga y un asomo de michelines. Mi pasado de tirillas se rebeló y, casi de inmediato, empecé a perder peso. El tema es que sigo perdiendo peso. Mis pantalones han quedado varias tallas por encima de mi cintura actual, y mi barriga no vuelve por más que me empeñe. Soy el increíble hombre menguante. Pero estoy divagando. Coño. Una cena ligera a la que recurro mucho es el famoso sandwich de mortadela con queso y mostaza. Me encanta la mortadela, es mi fiambre favorito. Nunca he comprendido que vé la gente en el chopped ni por qué compran jamón york cuando existe la mortadela. La cuestion es que acompañada de mostaza y una loncha de queso se convierte en un sabroso bocado que, aderezado con patatas fritas de bolsa se convierten en la cena de los campeones.
Para regar todo eso, suelo echar mano de agua fresquita, pero a veces, si hay algún refresco interesante, tiro de refrescos. A veces, incluso, de Coca-cola.

Parte 2: La Coca-cola:
Tengo un problemilla físico (bueno, más de uno). Una afección realmente patética que consiste basicamente en tener una lengua visualmente asquerosa. Y ya. No tiene ningún efecto chungo, no se puede curar, no sirve para nada, ni bueno ni malo. Esas son mis afecciones. Soy un mierda. Pero vuelvo a divagar. Tengo lengua geográfica (nombre científico), supongo que se llama así porque mi lengua parece un mapa en 3D. El caso es que cuando era pequeño (ya sabéis, cuando tomaba sugus que sabían a sugus y hacía redacciones sobre Jesucristo convertido en jugador de baloncesto), las bebidas con gas me producían un picor insoportable en la lengua. Eso provocó que me mantuviera alejado permanentemente de la Coca-cola y que, tras la triste desaparición de la Fanta sin gas, me arrimara al Trinaranjus de naranja (en una relación de amor que continúa hasta nuestros días). Asi pues, la Coca-cola nunca formó parte de mi vida. La detestaba incluso. Aj. Otro motivo para ser un bicho raro en el colegio.
Pasaron los años y según salía por ahí (ya adolescente) ocurrían dos cosas cuando pedía Trinaranjus en un bar: 1- Se reían de mí. Ó 2- Se reían de mi y me decían que no tenían. Frustrado por la ausencia de un refresco que me alimentara tuve que unirme al enemigo. Y empecé a probar la Coca-cola. Un poco porque no había más pelotas. Con el tiempo, incluso bebía Coca-cola en mi casa (eso sí, con todo el hielo del mundo para aguarla hasta lo imposible). Me había convertido en un jodido bebedor de Coca-cola.
Parte 3: The Devil (Coca-cola) Rules the World:
Llevo años tratando de convencer a la gente de que no son los políticos, ni las empresas farmacéuticas, ni los medios de comunicación los que controlan a las masas y los aborregan para llevarlos a dónde les conviene... no, es la Coca-cola Company... que posée más dinero que muchos países del mundo y, aún peor, controla el destino de la gente, habiendo convertido en adictos a gran parte de la población mundial. La Coca-cola es casi el único producto que puedes encontrar en cada jodido rincón del planeta, y eso da cosilla.
Si Coca-cola quiere, puede dominar el mundo con un chasquido de sus dedos.
Imaginaos que mañana se corta el suministro de Coca-cola en todo el universo. Que en un mes se acaba la puñetera bebida a base de extractos (puede alguien por el amor de crrrristo explicarme qué es un "extracto"??), que ya nadie puede beber más ese preciado líquido dulzón, repelente y desatascador de tuberías. Suicidios en masa, histeria, perros y gatos conviviendo... desorden social. Muerte, destrucción. Sería más jodido aún a que se acabara el petroleo en todo el planeta. Y sabés que lo sabéis. Coca-cola lleva cien años convirtiendo en yonkis a millones de seres humanos. Y el que controla la droga, tiene el poder.
Y aquí entra la Coca-cola light sin cafeína.
Parte 4: Light y sin caféina, tócate los cojones:
Como parte de su plan para la dominación del mundo. Coca-cola pronto comprendió que había que diversificarse para llegar a la mayor cantidad de gente posible. Así nació la Coca-cola light, que sabe igual pero más dulzona y que tiene menos calorías. Es decir, es como si tienes una bomba nuclear de 10 kilotones apuntando hacia tu barrio y la cambias por una de 8 kilotones.
- Uff, menos mal que han cambiado la bomba de 10 kilotones, por una de 8, ahora me siento mucho más seguro.
- Pues sí, pues sí.
- Y eso que sigue apuntando aquí al barrio ¿eh?
- Ya, pero ahora son 8 kilotones. No 10. No comparemos.
- Claro, claro.
Luego vendría la Coca-cola sin cafeína. Para que todos aquellos que no duermen, o que se sobreexictan puedan seguir destrozando su estómago sin mayores consecuencias. Luego vendría la Coca-cola de cereza, de vainilla, de color transparente, light con limón, light light, light con melocotón-ton-ton, y cien mil variantes más que nunca llegaré a comprender. Y entonces llegó la Coca-cola light sin caféina. Que es como beberse el resultado de exprimir el calcetín sudado de un guarro que lleva diez días caminando bajo el sol andaluz.
Sí, amigos. La Coca-cola light sin cafeína tiene todas las ventajas de un análisis de orina bajando por tu garganta... una auténtica explosión de sabor en tu boca.
Parte 5: Conclusiones y Final:
Así pues, mientras devoraba mi sandwich de mortadela con queso y mostaza, abrí la nevera descubriendo un auténtico arsenal de latas de Coca-cola tintadas de un evocador dorado-orina, en las que se podía leer
"Light, sin cafeína... ¿qué mierda más necesitas para comprar una coca-cola?? le hemos quitado calorías, le hemos quitado cafeína, hemos perdido todo el sabor por el camino y lo hemos sustituido por algo remotamente parecido a la Coca-cola... ¿vas a bebertelo de una vez???".
Bueno, o al menos eso creí entender.
Cogí una lata con cierto asco, y con el lejano recuerdo de haber probado algo parecido alguna vez y no salir muy satisfecho. Aún así bebí un sorbo y comprendí. Coca-cola Company, dueña de nuestras vidas y nuestros destinos, capaz de convertir a un proscrito bebedor de Trinaranjus en un ocasional consumidor de su líquido dulzón y de origen siniestro... había clavado otro clavo más en el ataúd de nuestra sociedad. La Coca-cola sin cafeína y light está en nuestras neveras sin que nos hayamos dado cuenta.
O sea que...
Tenemos un líquido putrefacto que, por alguna razón psicotiza a millones de personas en el planeta. De alguna manera algo grotesca podríamos incluso decir que la Coca-cola se puede beber (mejor si es en botella de cristal), y que incluso los eructos que salen por la nariz no son molestos si te lo tomas con humor. Podemos decir que la Coca-cola light es una versión edulcorada (toma ya!) de la normal, y que la Coca-cola Zero es una versión extra de la light para gente con conciencia culpable. Podríamos decir que la Pepsi es como un mal chiste que le contó la Coca-cola normal a la Light, y que la Coca-cola sin cafeína se inventó para que los padres pudieran metersela en el biberón a sus vástagos sin sentirse demasiado culpables... y finalmente, en el último y lamentable escalón de la evolución de la especie... la Coca-cola Light sin cafeína es el modo que tiene la Coca-cola Company de desearnos a todos un feliz suicidio. Lento y doloroso (para que puedas seguir consumiendo) pero feliz. Ya sabéis, con ese lejano pero familiar regusto a bebida de extractos. Y según mi organismo asimilaba el triste bebercio, mi tripa, instantaneamente, menguaba todavía más. Pronto seré polvo cósmico...

Enjoy!